Karlo Mila
Nació en Rotorua en 1974 y creció en Palmerston North, Nueva Zelanda. Es una destacada poeta, académica y activista neozelandesa de ascendencia tongana, samoana y europea. Su obra es fundamental en la literatura contemporánea del Pacífico, centrada en la identidad de la diáspora pasifika y las realidades políticas y personales.
Obtuvo un doctorado en Sociología por la Massey University. Su investigación se centra en la salud y el bienestar de las poblaciones del Pacífico nacidas en Nueva Zelanda. Además de su labor literaria, es directora de Programa de Mana Moana en Leadership New Zealand, donde utiliza el conocimiento ancestral del Pacífico para el liderazgo contemporáneo.
Algunos de sus libros de poemas publicados: Pez de ensueño flotante, 2005, ganador del premio NZSA Jessie Mackay al Mejor Primer Libro de Poesía; Un cuerpo bien escrito, en colaboración con la artista Delicia Sampero, 2008, y Diosa músculo, 2020, libro que explora temas de racismo, poder, amor y humanidad, nominado a los Premios Ockham del Libro de Nueva Zelanda.
Miembro de la Orden del Mérito de Nueva Zelanda por sus servicios a la comunidad del Pacífico y como poeta. Obtuvo la residencia de escritores Fulbright Pacific de Creative New Zealand, en 2015. Representó a Tonga en el festival Poetry Parnassus durante los Juegos Olímpicos de Londres 2012.
Poesía para expresar lo difícil artículo para el 36º FIPMed
Esta es una muestra de sus poemas:
Oceanía (Para Epeli Hauʻofa)
Algunos días
he estado
en tierra firme
durante demasiado tiempo
Mi anhelo
por el océano
es tan grande
que mis ojos
lloran
olas.
Mi boca,
Planicies de lodo,
estallando con
el aliento jadeante
de los cangrejos.
Mi garganta,
un estuario,
de sal cristalizándose
en la punta de la lengua.
Mis venas
se vuelven
ríos que fluyen
directamente hacia el mar.
Invoco a la memoria del agua y
yo
soy
una estrella de mar
en el océano.
sostenida
por globos de aire en los pulmones
y grasa flotante
Conozco al océano,
ella me ama
Su cuerpo azul continuo
sosteniendo incluso
mi peso.
Boca arriba,
la siento,
con las palmas extendidas,
y las piernas abiertas,
una estrella en adoración,
una meditación tan antigua como la marea.
Mis brazos, anémonas
vientre y pechos, medusas
tendones de aquiles, aletas, me vuelvo
una medusa de nado libre
mis manos tocando
sus curvas azules
los dedos rozando
la espuma
una estrella en adoración
una oblea en su boca
una ofrenda de cinco puntas
Ella gira
en sentido contrario a las agujas del reloj
debajo de mí, toda diosa,
todo músculo, energía,
poder, pulso
ay, la simple fe
de flotar
de soltarse
para ser sostenida
por el agua corporal del mundo
Algunos días,
este amor
es todo lo que necesito.
Traducción de Elba Ramirez
Año de publicación: 2026
La profecía de Kapihe
E iho ana o luna, E pi’i ana o lalo,
E hui nā moku, E kū ana ka paia.
Hay tanto
que no se puede decir en español*
que no puede verse en español
que no puede oírse en español
que no puede ser dominado por el español.
Es todo un universo deslumbrante.
Y está
vivo.
Bajo el ruido
de este mundo.
Bajo el pecho golpeado
de este mundo altivo y estridente
gritando sus órdenes al mundo
Y hablando por nosotros.
Pero este mundo,
el cuál ellos piensan que
han hecho con sus propias manos
con su dios-creador-masculino-único
hecho a su imagen y semejanza
este mundo del cual
estamos presenciando
su final autodestructivo.
Su ambición alimentada por combustibles fósiles
Alterando el clima mismo.
Se le acabó el tiempo.
Se le acabaron las ideas.
Se acabó.
Tanta información
y al borde del colapso.
Está en
nuestras lenguas maternas
casi perdidas para nosotros/as,
volveremos al recuerdo de la plenitud.
Porque
tenemos
diferentes
cosas que decir
sobre el estar aquí,
y ser humanos.
En el Pacífico, de donde soy,
el océano más grande del mundo y las islas más pequeñas,
en setenta lenguas,
la palabra para placenta
es la misma que la palabra para tierra.
fonua, fanua, enua, whenua, honua
Para honrar,
ese tiempo que pasaste
bajo su tambor.
el cuerpo palpitante
de cuando ella era
tierra, mar, y cielo para ti
el aire que respirabas
fonua, fanua, enua, whenua, honua
Siempre hemos sabido de nuestra
dependencia
umbilical con la tierra.
La placenta,
plantada con un árbol, naturalmente,
nuestro destino
entrelazado.
Mi placenta se volvió humo,
en el horno de un hospital.
Toda una generación se perdió así
cenizas a las cenizas, polvo al polvo
antes incluso de comenzar.
Levantémonos.
Volvamos a plantar los pies.
Conectemos.
Enraicémonos.
De la planta del pie al alma,
Piel con piel,
con todo aquello que nos guio
de manera sostenible
durante siglos.
Es en nuestro propio pasado
donde encontraremos el camino de regreso
al futuro.
Palabra a palabra
los/as ancestros/as regresan,
hablando en lenguas terrestres
que sostienen al cielo.
Ǫue lo que arriba descienda,
Ǫue lo de abajo se eleve,
Ǫue las islas se unan,
Y que nos levantemos
Y nos fortalezcamos.
Ǫue todas las islas del mundo se unan,
con cantos antiguos, poesía y oración,
con rituales de amor para nuestra madre,
y prácticas para cuidarla.
Volvamos a escuchar el lenguaje
del océano, la tierra, y el aire
para comprender
sus para
volver
a equilibrarse.
Traduce, narra, crea,
un futuro en el que todos/as podamos vivir.
Recordémonos de regreso
hasta convertirnos en ancestros/as
Dignos/as de las generaciones por venir.
E iho ana o luna, E pi’i ana o lalo,
E iho ana o luna, E pi’i ana o lalo,
E hui nā moku, E kū ana ka paia.
E hui nā moku, E kū ana ka paia
Año de publicación: 2026