Yolanda Castaño
Nació en Santiago de Compostela, España, en 1977. Es poeta, editora, traductora, ensayista y una premiada gestora cultural. Dirige su propia Residencia Literaria en A Coruña, y desde 2009, talleres de traducción poética, festivales de poesía y ciclos mensuales de lecturas, siempre con poetas gallegos e internacionales. Con más de 30 años de trayectoria, ha publicado ocho libros de poesía en gallego (con traducciones al castellano en Visor Libros), volúmenes en inglés, francés, italiano, griego, catalán, asturiano, serbio, polaco, esloveno, macedonio y armenio, además de poemas en otras treinta lenguas. Es también autora de siete poemarios para público infantil, obras firmadas como editora, estudiosa de la poesía gallega, biógrafa de poetas, ensayista y traductora.
Premio Nacional de Poesía 2023, dos veces Premio de la Crítica Española (en 1998 y 2022), Premio de la Cultura de Galicia 2023, Premio Afundación, Premio Miguel González-Garcés de Poesía, Premio de Ensayo Ramón Piñeiro, Premio El Ojo Crítico, “Gallega del Año” 2023 o Autora del Año para las Librerías de Galicia entre otros galardones, ha recibido becas como autora en residencia en centros de Grecia, Alemania, China, Escocia, Finlandia, California, Turquía, Francia, Andalucía y Galicia, además de haber mostrado su trabajo en más de cuarenta países de Europa, América, África y Asia. Ha fusionado poesía con otros lenguajes creativos (plástica, música, audiovisual, danza, cómic, cine en 360o, arquitectura y hasta cocina). Sus más recientes títulos son la traducción al castellano de su primer libro de ensayo –Economía y poesía: Rimas internas (Páginas de Espuma, 2025)– y A falsa autónoma (Xerais, 2025), su más reciente poemario, cuya versión bilingüe se encuentra ya en la imprenta de Visor con vistas a esta primavera de 2026 como La falsa autónoma.
La creación poética artículo para el 36º FIPMed
Esta es una muestra de sus poemas:
Mi relación más larga
Mi relación más larga
No es algo para contar en público, pero
tengo una relación con mi casa.
Los vecinos nos critican porque no nos arreglamos,
sacamos la basura a deshoras, y
siempre hay algo ya roto
que insistimos en atesorar.
Sé que iría necesitando otra mano de pintura.
–Se le ven las raíces–
Que luce a veces ropa anticuada,
que hay aún una reforma que no le vendría mal.
Pero juntas rememoramos
ciertas visitas en silencio,
y ella me pone frente a los ojos
cada borde en el que tropecé.
Siempre hay, en la intimidad, un cuarto mal ventilado.
Protegemos el secreto de aquella esquina sucia,
guardamos juguetes inútiles,
y hay un cajón que no abrimos jamás.
Lo sabe todo sobre mí mi casa.
Nos divierten objetos tontos que
ya no casan con nada.
Nos frotamos la una a la otra alguna que otra vez.
Otras, su amor es severo: con los años entendí que
una calefacción central no me alertaría de los peligros de la
confortabilidad.
¡Pequeña testaruda!: ¿quieres decir que quererte
no va a dejarme nunca descansar?
Como cualquier pareja, prosperamos juntas.
El ascensor es tan nuevo que a veces me ciega,
otras, me muerde al entrar, solo para que nunca
olvide los años de esfuerzo.
Yo sé que también me ama:
que cuando pierdo la paciencia y quiero bajar antes por las escaleras
una puerta automática se abre
para decirme que no siempre
la gravedad está de nuestro lado.
Sabe de mi cuerpo mucho más que nadie.
También ella me toma en sus brazos cuando me pierdo,
lloré en su regazo cada uno de los pánicos.
Di por ella, una vez, todo cuanto tenía.
Se casó con mis faltas,
yo le di a ella un hogar.
de Materia (ed. original en gallego en Xerais 2022, ed. bilingüe gallego-castellano en Visor 2023)
Libro ganador del Premio Nacional de Poesía de España 2023
Año de publicación: 2026
Carta al hermano
No aprendemos, Alberto;
la luna nueva le fue a alguien esta noche con el cuento
de que hay quien tiende a colocarse en la guardia de delante
en parte para poderse proteger.
Fui más alta que tú durante años;
qué bien hiciste cardando tus cuerdas vocales como en un trueno.
Hasta los hijos únicos necesitan un cutter
para descoser el pegamento de los álbumes familiares.
Para cuánto más.
No es fácil heredar zapatos
y despegarles de las suelas las pisadas.
Con todo siempre hemos custodiado un cierto parecido,
al fin y al cabo ambos soñábamos con tener coche, ladrar,
dormir a horas mal vistas y que las
noches se filtrasen por nosotros hasta bien tarde.
Mamá y papá tuvieron que acostumbrarse a
recogernos utopías y blasfemias por la casa como si fueran pétalos.
Necesitábamos comprobarlo por nosotros mismos.
Apearnos de las chaquetas, frases hechas y apellidos.
Salir a encontrar aquella parte de nuestro cuerpo
que vivía en la espesura, donde nadie había mirado.
También somos los pedazos que no remontan venas arriba.
Como cuando nos marchamos de su casa y descubrimos
otras órbitas: horas feroces, sábanas violetas, vinagre
de manzana.
Esas flores de liquen blanco que crecen sobre los grifos.
Alberto, la gente no lo dice, pero en el fondo
aman los grilletes, nosotros en cambio
queríamos nadar, sacudir el tiempo, queríamos levantar
nuestra propia disciplina.
Nos dijeron que si arábamos la decepción con mucho esfuerzo
podría dar una col que nos cubriese de la intemperie.
No sé cómo pudimos tragarnos
la inhábil épica del trabajo, Alberto.
O será apenas que el mundo está simplemente cambiando.
Mamá y papá tuvieron que acostumbrarse,
acabamos estabulando a esa bestia en nuestras casas
y de unas ubres tan pobres tampoco salía gran cosa.
Pertenecían a otros y era tarde. Nosotros
llevábamos ya los anticuerpos.
Alberto: cuando sujetaste el cielo con las manos
nadie estaba mirando.
Las venas de los brazos tiraban
y un estruendo desde las alturas.
El solo del interlunio del front man:
Cuando te mantuviste en pie con todo encima
nadie alrededor miraba.
Mucho más alta que tú no lo fui por tanto tiempo.
Sé bien que tu propia médula también te la trenzaste
con cadenas de ADN, líneas de horizontes
y de tus cuerdas vocales el pentagrama revuelto.
Todo lo que buscábamos era la maleza del camino,
la misma sabiduría que guarda la piel del hipopótamo:
de vez en cuando hay que enfangarse para poderse refrescar.
El templo de la independencia se parece a un zigurat;
en su cima hay esquinas de sobra
para reunirnos los cuatro.
Corre aún un torrente genuino a pesar de los anticuerpos.
Nos sentaremos a rebañar la miel de los más inútiles viajes.
Tenemos que admitir que, en instantes, todo cuanto deseábamos fue nuestro.
El foco trasero de la fantasía, algún motín, músculo y canto.
Nosotros somos
sucios y valientes, somos
los mejores enemigos de nosotros mismos.
Solo queríamos capacidad
para tener capacidad, un poco de sol, un grito,
libertad para equivocarnos, Alberto,
libertad para equivocarnos.
de Materia
Año de publicación: 2026
La casa de mis padres
No defenderé la casa de mis padres.
Ni contra los lobos la sequía ni la usura.
Porque nací en el ensanche de una ciudad arroyada,
y al final ni era suya y hubo de venderse.
Jamás tuve ganado, ni huertos ni pinares,
toda la tierra que tengo está en un tiesto de plástico.
Tendré que pagar rentas y préstamos y cuotas
pero no defenderé la casa de mis padres.
Oscilará a merced de los especuladores,
habrá nueve estudiantes donde un día fuimos cinco.
Me purgaré del anclaje de una idea de clan,
de las torgas de la sangre y poder de la pertenencia
y no defenderé la casa de mis padres,
escoltaré sus pisadas donde anden arrendados.
Si hay alguna relación entre útero y familia
habría que estamparla contra ese muro de cemento.
Se sucederán los negocios cuando ya me haya ido,
nos quitarán el crédito, desahuciarán del aire,
pero nuestra memoria flotará en estas hojas.
Mucho de cuanto fuimos no se destruirá
pero no defenderé la casa donde nacimos,
la misma en la que hoy malvende sus cimientos
un parking a un euro y setenta y cinco la hora.
de Materia
Año de publicación: 2026
La rueda de la fortuna
Hay mujeres a las que, con el lucero de cada día veintiocho,
les baja un caudal de liquidez a sus cuentas,
endometrio o salario,
una bendita
hemorragia de billetes.
A mí, en cambio, me chorrea
una gravosa hipótesis
–cada ciclo menstrual es una inútil nostalgia–
se me abre un collar de diminutos abortos
este no, este tampoco, ni este otro, ni este...
todos esos gérmenes haciendo turno para precipitarse
intentando morirse y no les cuesta
mis embrionarios fracasos, yo
hago un nido para acurrucármelos
me quedo a solas y, en bajito, les susurro a mis ovarios:
¿no podéis
segregar
algo más productivo?
Me trago una pastilla
y corro a abusar de mí misma.
de Materia
Año de publicación: 2026
Suspendida
Tan pronto el animal de la noche se aparea con el planeta,
puedo aventurar cuanto hubiera podido ser.
Una nación de pájaros estará del otro lado
si te embarcas en ser por fin esa emigrante.
Sí –digo yo– y no regresaré ya nunca
a las costas doradas de mi precario país.
Contempla ahora el pecho que no irá a reproducirse.
En algún lugar, alguna esfera,
tal vez estés andando, hija, con la niña que fui y que se murió.
Tal vez Jizo y los niños del agua
vayan de la mano caminando contigo.
Solo tú vagas detrás del tiempo y no logras encontrarme.
Vana y perenne, esfera quieta;
miles de seres no nacidos buscan
entre las sombras los senos de sus madres.
Avanzan entre la niebla con los ojos encendidos,
bracean en lo oscuro, preguntan en voz alta.
Pero tú no me encuentras, hija mía.
No puedo imitar mis eles para hacerte las pestañas,
ni un punto y seguido para ponerte un lunar.
Mis poemas no me tiran del jersey,
ni me levantarán de madrugada presas del pánico.
Y mi pobre país y sus costas doradas.
Tu rostro se derrumba como a cámara lenta,
llevas derrumbándote desde que tengo diecisiete.
Te voy desabotonando los músculos,
destrenzando tus tejidos.
Hija, hija mía: no puedo cargarte en mi regazo.
Quédate donde estás, queda tranquila.
Bajando la escalera de las líneas de este poema,
apenas en la voz hilvanada en este verso,
le hablaré incluso muerta a una tú no nacida.
Voy destejiendo tus rasgos,
fibra a fibra desanudo,
y hago para ti una esfera donde nada puede dañarnos.
Deja de caminar y duerme, que allí nos encontraremos.
Nada tengo y nada pido.
Un fulgor inasible y luego nada.
de Materia
Año de publicación: 2026