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Marisol Vera Guerra

-1978-

Nació en Ciudad Madero, México, en 1978. Directora de la editorial independiente Ediciones Morgana. Ha publicado 16 libros en México, Estados Unidos e Italia, entre ellos: Afuera cantan las cicatrices de un árbol (Voz Lírica, 2025), con el que obtuvo el premio Nacional de Poesía Alma Karla Sandoval, y El cuerpo, el yo y la maternidad, proyecto beneficiado por el Consejo para la Cultura y las Artes de Nuevo León (CONARTE) para exponerse en Venecia, en 2019, y publicado por la Universidad Autónoma de Nuevo León en 2022. Su libro Imágenes de la fertilidad, canciones al hijo del viento, fue escrito con apoyo del Programa de Estímulo a la Creación y al Desarrollo Artístico (PECDA), Tamaulipas, 2010, y publicado por el Instituto Tamaulipeco para la Cultura y las Artes en 2016. Desde 2011 ha sido promotora de lectura y tallerista a través de CONARTE, la SEP, la UNAM SA y otras instituciones. 

Su obra ha sido incluida en antologías y revistas literarias de varios países, entre las más recientes: Latino Book Review, Chrysalis (El Paso Community College) y Ærea. Revista Hispanoamericana de Poesía (RIL Editores / University of Georgia), así como en la Página de la Academia Mexicana de la Lengua. Entre otros foros, ha participado en el XV Festival internacional de poesía POEMA RÍO, Barranquilla, Colombia, 2022; XXX Feria Internacional del libro de La Habana, Cuba, 2022; II y III Feria del Libro en Español de la UNAM San Antonio, USA, 2024-2025. Fue una de las ganadoras del Concurso Internacional de Poesía Altino, Italia, 2020. Primer lugar en el 2º concurso binacional de cuento Francisco Javier Estrada, 2023. Actualmente es becaria del PECDA Nuevo León en la disciplina de Literatura, categoría: Creadores con trayectoria.

Poeta invitada mediante convocatoria para participar en el 36° FIPMed.

La creación poética: cuerpo y revelación artículo para el 36º FIPMed

Esta es una muestra de sus poemas:

Algo en mí se siente unido por la rabia y el gozo

al cuerpo de otras mujeres
un brote de bilis bajo el diafragma:
Nosotras entendemos los gorjeos del agua 

Mi abuela me enseñó
a llenar de esa líquida premura el vientre
a deshojar la luz entre mis piernas como una premonición
a ella el amor se le deshizo
                              en coágulos azules
aprendió a decir adiós acurrucada en la letrina
viendo el fruto 
escabullirse hacia las sombras       dijo haber oído 
el ulular de la lechuza
dijo que otras manos se llenaron de lejía
ciertas noches también oigo 
a ese pájaro amagando la puerta
y en la atrofia 
                        de las horas muertas 
se desliza −aún− la pavesa de su aliento

Año de publicación: 2026

Desde un rincón de la memoria

abuela Eusebia me truena los pulgares: 
     Wana' xo' 
     de veras cargas la cachaza tú 
     como el cosol que se estanca en el aguazal

Y qué hay de malo 
en ser esta carne blanda dentro de una cáscara 
en diluirme sobre la espumante rabia de las olas
en arrojar mi tristeza entre pulidos guijarros
                                     que amansan la corriente

No hace daño un poco de onanismo o de salitre 
        quiero ser oscura como el tiempo
        el agua donde el torso del pescador se agrieta
                        la estela de obsidiana
                             que conduce al corazón del río

*Wana' xo' (“vámonos ya”).

Año de publicación: 2026

¿Dónde está? 

mi títere de manta cruda dónde está
−muñequito con pelos de estambre−
mis dedos encajados a su silueta 
danzaban en el verano
y los veranos todos se llenaban de cacao molido
                      En el crujir de la semilla 
                      late aún el llanto de mi madre
                      sus días en Tezizapa con la abuela
                      amasando
           la harina y el tiempo
el zigzagueo 
                  del matorral
          donde los tordos 
perseguían a las muchachas
sus enaguas 
                 olían siempre a vapor
a leche espumosa
                    a la hierba fresca 
                                             que rodeaba el río 

Año de publicación: 2026

El dolor de mi madre es un canto antiguo

en esa canción está el verano 
ovillado entre los hilos que sujetan los sueños
−la espesura del miedo– 

Es hora de emerger desde la sal
esquivando el hocico de las vacas 
que beben alineadas en el bebedero 
–a lo lejos la lámpara de aceite
brilla presagiando una condena–

Hoy es su último día en el jacal quiero decirle:
Amada / a mí también me hirieron
conozco la estridencia del cobre
                  en la distancia de medio siglo  
                                                     estoy tan sola como tú 

Año de publicación: 2026

La vida hoy parece un rebaño incandescente

un murmullo de navajas −rojo despertar 
                  sin inocencia− 

Ayer navegué por este cielo
junto a una joven tan irreal como la primavera
                             tan nueva como los cerezos
−desde el filo inmóvil de una estrella 
sacábamos las manos de los orbes celestes− 
sigue intacta su silueta entre mis dedos
como indemne la madeja de sus besos en mi boca
las mañanas (todas) en que hui 
                                       de mi reflejo     el balido en mi cabeza 
los días eran como un pan seco 
en el asfalto
                     cocinándose al sol  

¿Qué tanto he dejado de ser aquella criatura 
encerrada en un clóset
esperando a que alguien le abra la puerta? 

Año de publicación: 2026