Sebastián Salazar
Nació en Medellín, Colombia, en 1995. Es profesional en estudios literarios y magíster en literatura de la UPB. Integrante del taller de escritores el sueño del árbol. Ha sido tallerista, promotor de lectura y profesor. En 2017 obtuvo el segundo puesto en los premios de cultura ciudad Itagüí con el poemario Para habitar la intemperie. Poemas suyos aparecen en los libros: País en paralelo repertorio de poetas colombianos y ecuatorianos (Editorial UPB, 2019) y Verso en paralelo, repertorio de poesía de Colombia y Ecuador (2024).
Fue elegido mediante convocatoria local, para participar en el 36º FIMed.
Esta es una muestra de sus poemas:
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Uno es la casa que se va quedando sola.
Van saliendo los amigos:
algunos a portazos,
otros sin aviso y camuflados con materas,
el permiso de las cosas que nunca se devuelven.
Uno es el cactus que va deshojando
las espinas,
el camello que logra enderezarse con los años
porque a su madre le molesta la joroba,
el equipaje deshecho de los viajes cancelados.
Uno es las palabras que escribe en servilletas
y todavía más las que esconde, se calla,
las que olvida
Lo que no se dice a los antiguos amores
para no despertar un monstruo dormido,
la piedra que sigue quebrando los cristales,
aunque sea ya polvo entre las manos
antes de lanzarse.
Año de publicación: 2026
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Todas las noches
dejo la puerta abierta
para que el perro salga
Que abandone el aposento de comer en mi mano,
que no se sienta obligado a dormir en mi cama,
a amarme resignadamente entre periódicos viejos
que golpean su hocico por los desastres que no entiende,
el terremoto que destruye los cojines,
la soledad donde nadie se acuesta,
el desayuno que nadie se levanta
Todas las noches, antes de dormir,
abro la puerta que se sostiene abierta con el viento,
como si fueran las alas de un ave que no vuela,
para que el perro salga, si eso quiere.
Que huela el fruto ya maduro del viento,
la maravilla abierta en otra parte.
Año de publicación: 2026
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Para efectos prácticos,
la lluvia es lo único
que no cesa por dentro.
Ya no escampa en este cielo
cayéndose a pedazos.
Todos los dias, a la misma hora,
el plomero incumple su cita
con este corazón,
la única casa sin luz del vecindario.
Para efectos prácticos,
el verano es Godot, que nunca llega
a estos huesos mordidos de humedad,
aunque te espere el mendigo que recuerda tu cuerpo
como se recuerda la geografia de un pais
en los mapas ajados de la escuela
Año de publicación: 2026
Recortes de periódicos matutinos
Se busca pareja para bailes de salón. Se ruega que no sepa bailar, que lleve el tropiezo como consigna. Presentación personal de bastón, no son necesarios más idiomas. Experiencia en morder el polvo, conocimientos en la materia de que no todos los caminos conducen a Roma. Se prefiere sin zapatos, no irá muy lejos de la tierra, no dolerán las pisadas sin las huellas de lo que nunca tiene pies.
Año de publicación: 2026
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El amor es un auto que va deprisa
El amor un muro con materiales de segunda,
sorprendentemente duros.
Cuando el auto se estrella en la pérdida total de los fracasos
los amantes podriamos culpar al muro
por estar ahi sin previo aviso,
por aferrarse demasiado a la tierrа.
Otros culparian al carro
que está demasiado viejo,
con esos frenos que nunca reparamos.
La verdad es que sea como sea
amor auto que va deprisa,
amor muro de la piedra antigua,
siempre terminas
por romperte la boca.
Año de publicación: 2026
Cementerio de peces
Mi cama es un cementerio de peces. En sueños, arrojado al agua como un infante al que le enseñan a nadar he sido todo tipo de personas, animales y cosas. Entendí los sustantivos y otras desdichas del lenguaje que eran ruido en los años reprobados. Lentamente fui aviador y desterrado, boxeador y pacifista, empacador del desgano en algún supermercado, anciano presidiario en el cuerpo de un milenial. He sido ballena en rios inventados, floreros irrompibles, amante inconfesable de maestras de escuela, el madrugador al fin de los desvelos. En ocasiones me levanto anestesiado tras la osadía feroz del amor, la dinastía vulgar de los abrazos y veo claro el mar: ante mis ojos las sábanas desembocan en el suelo como si se pudiera ir más lejos de si mismo. Yo que nunca voy más lejos por temor a lo que no es presente comprendo que el mar es también cementerio-metáfora gastada-y que cada noche me arrojo confiado entre sus fauces como un pez de escamas imposibles que se hunde en el mar muerto.
Año de publicación: 2026