León Guerrero
Nació en Tegucigalpa, Honduras, en 1999. En 2023, fue el primer seleccionado en artes de la beca Hondufuturo, obteniendo una maestría en Escritura Creativa en la Universidad de Glasgow, Escocia. Su cuento "El mejor espectáculo de su muerte" ganó mención de honor en el Concurso Nacional Rafael Valle (El Heraldo de Honduras) y fue publicado en la revista Katabasis (México). Su poemario inédito Invasores quedó finalista del VII Premio de Poesía Hispanoamericana Francisco Ruiz Udiel (Editorial Valparaíso, 2025). Otros trabajos suyos han aparecido en revistas literarias como Fleet (Reino Unido) y Minificciones.
Es uno de los poetas elegidos mediante convocatoria para participar en el 36° FIPMed.
Esta es una muestra de sus poemas:
Ayuda exterior
Mi tío nos contaba sobre un grupo de mujeres que huían desde un condado donde cada ventana tenía rejas. Púas de dolor marcaban cuerpos que colapsaban ante los portones de una gran urbe en la cual buscaban refugio. Si les cerraban las puertas, trepaban los muros como enredaderas enloquecidas. Aunque sabían que el camino era peligroso y a muchas les arrancaba la vida, no desistían.
En la ciudad, les imponían faenas inhumanas y degradantes a cambio de monedas oxidadas. Pero preferían cualquier cosa a seguir siendo trituradas en su infierno de origen. Cuando una sequía comenzó en aquella urbe, los habitantes culparon a las refugiadas que trabajaban de sirvientas en la penumbra de sus casas. —Las criadas traen la desgracia —decían los periódicos.
En vista de esta crisis, cinco automóviles negros salieron del núcleo urbano. Pararon frente al edificio más grande del condado donde el cementerio había duplicado su tamaño en los últimos años. Los líderes de la ciudad clamaron al sacerdote de ojos oscuros para que detuviera las caravanas de dañadas. Vaciaron sus billeteras sobre la mesa y dijeron: “Esto es solo el adelanto, padre”.
Sin embargo, al cabo de dos meses, el número de fugitivas creció. Su angustia corría cual incendio voraz por la región. Y ahora, venían incluso más heridas. Contaban de abusos en masa y patadas sobre carne herida.
En su reunión, rodeados de manjares acaparados, los líderes deliberaban mientras la turba rugía. Uno saltó de su asiento con inútil perplejidad: "No lo entiendo", proclamó, limpiándose los labios con servilleta de seda. "Le entregamos al sacerdote todo lo que pidió: armas, esposas, mordazas y cofres repletos de plata. ¡¿Cómo es posible que ahora estén brutalizando incluso a más mujeres?!"
Año de publicación: 2026
Inventario-
Las vecinas desenrollan el relato
de balas de patrulleros fronterizos
atravesando el pecho de la comadre
y su retoña que, recién la semana pasada,
sonreía jugando sobre la rayuela en el parque.
Una llora; mi tía presenta la queja
de que este mundo tiene la piel de piedra.
La plañidera acampana la cabeza, su lengua badajo:
no hay nada en esta tierra que valga
y sea duro y no pueda doblarse.
Claro, interrumpe mi madre;
pero hay matices
de maleabilidad.
Nosotras somos serpientes verdes,
ellos, cintas de policía amarillas.
Mi nana se yergue, su sombra se despliega por la habitación,
oscureciendo siluetas de espaldas curvas.
Apoya las manos en la mesa y pide silencio:
El problema es que queremos ser más
de lo que somos, tener más.
Nos vendieron que allá, todo sobra, que acá no tenemos nada.
Yo lo discuto. Tenemos hermanas extremosas,
caritas que guardamos como recuerdos,
enamorados que nos abastecen, saludos por las calles,
y el sol, cuerda tibia que se extiende hacia Dios.
Tenemos muchas cosas. Y aun así queremos más.
Los sueños de nieve y lujo están muy bien,
pero siempre es más alta la realidad.
Por eso planto mis pies aquí.
No sea que acabe igual que la niña y la comadre;
envuelta en el silencio del despertar perdido.
Año de publicación: 2026
Aborto fallido
Mi mamá me despertaba para ir a la escuela con cachetadas firmes.
Decretaba que si fuera por ella, yo no hubiera nacido,
que era suertuda de que el intento no se consumó.
Mi existir era un agujero negro que absorbía toda su luz,
así que le agradecía en lengua de conquistador
por llevarme en su seno, siendo yo el sello vivo de su encierro.
Estoy viva — supongo.
No sé por qué.
Si no es por la voluntad de mi madre, ¿por quién?
Estoy viva — tal vez.
Porque no estoy en una bolsa en la orilla,
y mi padre no manifiesta: "por lo menos no sufrió".
Mi tata me recogía del colegio como quien rescata un tesoro.
Tomaba mi manecita de muñeca y declaraba
que yo era una explosión de faroles,
fuegos artificiales que proclamaban su libertad.
Qué hermoso fue nacer — por segunda vez en él
y convertir el abismo en horizonte.
Año de publicación: 2026
Ríos del erial
En el erial,
nacen riachuelos como en el manantial:
cantan a la dignidad,
al pan,
al alba sin mordazas.
Sueñan con tumbar del trono
a los chacales.
Pero el desierto
no da
tregua.
Sus palmas están vacías,
sus enemigos,
bien armados.
Y así,
muchos terminan
en jaulas
con barrotes de sombra,
o bajo lápidas
sin nombre,
donde la memoria se calla
para no ser
la próxima.
Con el tiempo,
los ríos
se
e
vapor
a
n.
No mueren:
suben al cielo
en silencio,
esperando
llover
en otro
mundo
más justo.
Año de publicación: 2026
Catecismo de frontera
Aquí no te queda ni una brasa de carbón,
ahora que tu único sustento es ceniza.
Mi tía teje argumentos junto al fogón apagado.
Yo, escondida contra un muro con cicatrices,
recojo las ascuas de su voz.
El pastor te predicó que en el desierto
algunos pueden arrancar oro de las piedras.
Yo te aseguro que la gente del jardín
ya es dueña de todas las minas.
Entre cinco y diez inviernos, hermana verde,
para que tú y tu retoño crucen
del polvo heredado al trono.
Mi madre tira de su cabello quebrado.
El plato se enfría entre sus manos.
Sus ojos tiemblan salvajes cuando musita:
Si luchamos por permanecer,
¿cómo puede todo volverse nada?
Y asiente a la propuesta de éxodo.
Año de publicación: 2026