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Laura Di Corcia

-1982-

Poeta, crítica teatral y literaria. Ha publicado tres libros de poesía. Colabora con el Corriere del Ticino y la radio y la televisión de la Suiza italiana. Durante tres años fue comisaria del programa italófono del festival literario suizo Le giornate letterarie di Solothurn. Actualmente es responsable de la Suiza italiana para la Sociedad Suiza de Autores y miembro del subcomité cultural del cantón del Tesino. Su último libro, Diorama, fue publicado en la colección “Controcielo”, de la casa editorial Tlon, Premio Terra Nova 2022, de la Fundación suiza Schiller; finalista en premios nacionales italianos (Premio Tirinnanzi y Premio Montano). Ha sido incluida en múltiples antologías en Italia y en el extranjero. Algunos de sus poemas han sido traducidos al español e incluidos en la revista chilena AEREA. Escribe también radiodramas para la Radiotelevisione della Svizzera italiana.

-Escrito para el 35º FIPMed

Esta es una muestra de sus poemas:

Dos niños

Solo somos dos niños a quienes hay que llenar la boca de leche. Hansel y Gretel espiando en el bosque a las brujas de los senderos. Es en la llanura que inicia la violencia, por esto debemos correr veloces como el viento, escondernos en el vientre de la montaña.
***

La voz no se quiebra cuando se despliega el catálogo de cosas por hacer: debemos permanecer en silencio contra los árboles, acariciar con la espalda los tobillos torcidos de las plantas. Debemos sobre todo ser pacientes, esperar que del vientre de la Tierra florezca el albumen.
***

La ternura del cascarón de huevo: limpiarlo, olerlo, acostarse a su lado. Protegerlo de las hadas, de los búhos que gritan sobre las presas.
***

Y salir, salir siempre a ver de qué color son los dorsos de las arañas cuando ruedan y, rodando, pierden las dimensiones.
***

Cuando me llamaste por mi nombre, me arrodillé. Cuando rompí en llanto, me cerraste la boca con tu leche. Has cambiado mis manos por la extensión que separa a Israel de Egipto, y allí plantaste seis clavos.
***

Eres feroz, ¿lo sabes? Eres feroz cuando piensas solo en tu placer lácteo, y piensas y esperas que yo no te vea, cuando marcas con los ojos el tiempo de los rapaces.
***

Este mundo que nos expulsa y que nos acoge. Pudiese ser el estómago extendido de una vaca, el cálido refugio para sumergir las manos. El párpado blando de un modo distinto de decir “bien”.
***

Hemos sellado los ojos con lacre. Pestaña contra pestaña, parpadeo contra parpadeo. No hay nada más que ver en este misterio rocoso, en el vientre de los montes. La cal se extiende y, extendiéndose, declara el ciclo cerrado de una rueda que gira sobre sí misma. Un modo distinto de decir “mal”.
***

Miro la nieve que cae de soslayo, de reojo cae el dolor cuando la violencia se aquieta. Solo las hojas saben decir lo que intento, las observo mientras las desmenuzo con los pies. Quisiera fundirme en el asfalto, arrojar este exceso de cuerpo que pesa y piensa. Los seis clavos que plantaste en mi esternón gritan como búhos.
***

Juegan a fundar de nuevo el mundo aferrándose a un adiós. Allanando la superficie del tiempo, creyéndolo un salto de cuerda, algo para hacer explotar de golpe. Se miran desde afuera mientras que afilan la punta de los sucesos, los reviven en slow motion. Hemos abierto un supermercado de palabras inútiles, una serie de significados para colgar en la ventana. Estos gestos que se nos aparecen de frente, que nos restituyen a la verdad del cuerpo.

Dicen que son felices, pero son solo palabras. Palabras para saquear, para escupirlas a la cara.
Dicen que son felices y su cuerpo está triste, triste. Si yo soy feliz, debo quedarme muda.

                Traducción del italiano: Juan Felipe Varela García

*

Dónde se encaraman los búhos
¿de qué distancia
predicarán el alfabeto?

Tú te golpearás la cabeza diez veces,
niña, antes de descubrir
el redondo del rojo, la picadura del verde.

Morirás de hambre en la espera de la promesa.
Las palabras están hechas para cubrir
asfaltar el dolor de un mundo cruel.

Sepultarás mudas vergüenzas
en silencio
partirás piedras.

Se levantará un grito,

no preguntes nada.

              Traducción de Antonio Nazzaro

Keiko Ogura

I
A los ocho años el mundo todo está en un espejo
yo lo miro
él me mira
afuera el mundo es el oro del sol.

Él es uno, yo soy una y trina
soy mi padre y mi hermano
y también soy la rama que cae en vertical
desde un árbol que creció mal

A los ocho años no sabes cómo
un espejo pueda salpicar
lo aprendes poco a poco
con dolor en los párpados

A los ocho años sales de casa como siempre
(tu hermano espía el desastre desde la colina)
los vestidos hechos retazos
no sabes nada de física cuántica

Y vas, corres a donde quien no puede sino mendigar
el agua que aplaque, mate fatalmente la pena
a los ocho años un error es algo normal

A los ocho años no conoces aún
la ley de la bomba atómica, de la vida.

II
Vivía en una casa de madera
en los márgenes del agua
el puerto me sonreía a lo lejos

antes de que la furia sobrevolase
como vértice de sí misma renegando de sí misma

en aquel preciso momento
me salpicaron los ojos desde el espejo

mientras las cosas se multiplicaban

yo

sobrevolaba el centro
la furia sobrevolaba el cielo
mi alma salpicaba en miles de almas ajenas

todos nos multiplicábamos

ha sido

como si un dios lunático
hubiese decidido poner la vida sobre un caballo desbocado

ha sido

el mar la última cosa que he visto
pero antes la carne que se encrespaba sobre los brazos
e incluso antes aquel rojo, el rojo numérico

(la matemática del más, de la integración, el caldo primordial que ha cantado el himno de la vida y la muerte, la aceleración de la materia, la vida que para definirse destruye la vida, el doble, la parábola en alto)

80 mil almas volando al cielo, 80 mil retazos de mí                

                  Traducción de Juan Felipe Varela García

*

El misterio es ese mecanismo ajeno
que no moja la cabeza de los cachorros
se rehúsa a lamer sus vientres.

Solo, como fondo
deja que las cosas pasen
no se arruga el lodo de los eventos:
pero en el estómago es todo diferente.

En la panza de los niños
nacen hondas, brotan monstruos.
El mal se pare todos los días.

*

Envenenamos los barcos como si fueran cuervos.
Por un largo periodo caminamos
y las metas siempre eran diferentes.

En nuestros ojos quemaba toda África.
Éramos gente como ustedes, quizá menos lista:
el pasado nos daba correazos en la espalda.

En un cierto punto los canastos se cerraron para siempre.
Detrás de nuestros ojos continuaba
violenta como un clavo, la cacería de brujas.

*

Traducir es lanzar la espalda sobre las piedras
mirar el reloj cumplir una vuelta sobre sí mismo.

Llevábamos el ganado de las montañas a las llanuras
las rocas perfumaban de salvia.

Ha sido un grito para rasgar la hipocresía
para volver el néctar en jabalí.

Abandonamos los campos con la lluvia:
se quedaron las vacas, para testimoniar la hierba.

*

Hasta el fondo del corazón
se asientan las casas sobre los árboles
las rotondas se expanden.

Entre acción y acción
se abren
cosas dulzonas
granadas uva
pensamientos
de ayer
las fibras se dilatan.

¿Si no me hubieras tomado de la mano
qué sería yo ahora?

Yo soy una que escribe
y luego olvida.

         Traducciones de Antonio Nazzaro