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Ana Sofía Buriticá

-1993-

Nació en Medellín en 1993.  Es poeta y periodista graduada de Corporación Universitaria Lasallista. Ha publicado el libro de poesía Impulsos (des)animados, con la editorial Fallidos Editores 2017, del micro libro El vuelo de los recuerdos, 2020; Autora del libro Dientes de leche,  ganador de la Convocatoria Nacional de Estímulos del Ministerio de las Culturas en la Categoría Obras inéditas, 2022.  Experimenta con la poesía visual a través su proyecto “Collage del mar”, en el que pone en diálogo el collage análogo y la video poesía, creando así universos de papel lúdicos y coloridos que potencian la imagen de las palabras. Ha participado en diversas antologías de poesía latinoamericana y festivales de poesía como: Festival Internacional de Poesía de Medellín y el Festival Internacional de Poesía de Rionegro. Sus poemas y escritos los publica en su blog: nadanuncanadie.wordpress

-Poesía para la construcción de paz escrito para el 35º FIPMed

Esta es una muestra de sus poemas:

Dientes de leche

Pájaros que predicen la llegada de la muerte:
“Se fue, se fue”
dice mi madre que su canto debería hacernos dudar de todo 
pero ya no es miedo lo que siento
las palabras ejercitan sus músculos en la noche
no hace falta gritarles que solo la vida importa 
es frágil y sufre la congoja de los cuerpos 
apilados sobre cifras

últimamente la calle está repleta de gente que odia
el poder mediático me hizo dejar de creer en la razón humana

me escondo de la realidad pero no puedo abandonarla
solo esperar silenciosamente el mensaje de los pájaros desde el balcón
mientras oculto mis huesos de hierro en el deshielo del tiempo
    
“Se fue, se fue”
su canto se fija 
persiste
y prevalece en mi conciencia
ya he perdido todos mis dientes de leche
la edad de mi cuerpo guarda una antigüedad extraña 
que se reconstruye de a poco 

voy dejando parte de lo que me sostiene
en las plumas arrastradas por el viento
hay belleza en las cosas que se caen
y en la lentitud del aterrizaje

Todas las vocales se alojan en los pliegues de mis manos 
y sin embargo prefiero
 el lenguaje trágico de las aves. 

Lo que el campo no atraviesa 

Lo que el campo no atraviesa 
es la conciencia de la duda que plaga la ciudad
la atrocidad de la indiferencia
para nombrar las fosas con hombres que observaron el sufrimiento desplegado del mundo.

Lo que el campo no atraviesa es el corazón de los políticos
y su facilidad de adelantar los trabajos de la muerte
mientras el paro sale a vacaciones y los líderes terminan en los caños
sin epitafios escritos en marmol.

Lo que el campo no atraviesa es la mirada despectiva de un bogotano “letrado” que se burla de los migrantes que buscan el Park way sin poder pronunciar su nombre.

No atraviesa el tráfico 
pero sí los llamados a la orilla del río

No atraviesa los empujones en transmilenio
pero sí la imagen cadavérica del desmembramiento

No atraviesa la multitud de la séptima 
per sí el llanto de las madres que escarban con sus manos el terrón de tierra
que guarda el último silencio de su hijo
un poeta sin libreta militar.

Luis Carlos Gómez

Eres el 307 en una lista
antes de pensarte un epitafio te asignaron un número
un gesto basta para narrar un país

no puedes pensar en el futuro cuando eres una cifra
treinta segundos de realidad en un noticiero 

me gustaría que tu voz abrazara a esta multitud desierta
que desconoce el olor de la tierra árida en las carreteras de El Aterrado
el último rincón del mundo que sostuvo tu aliento en Cimitarra

el silencio no puede ser la única posibilidad
para sobrevivir a un país atroz e indiferente

bajo esta tierra hay cadáveres
memorias desmembradas
en las sombras siniestras de la noche
que apenas dejan ver las siluetas de los cuerpos
esparcidos por los libros de historia nacional.

Todo desaparece 

de este país
de este cuerpo
nada puede sostener el dolor de los espíritus 
que permanecen en la tierra
bajo el manto catastrófico de las certezas 

paisajes invisibles llenan de emoción el horizonte

ahora las sombras 
escriben en su interior 
el llanto de la poesía.

Magdalena

Quién llamará tu nombre a la orilla del río
quién  llevará tu cuerpo tendido en su balsa de maderos rotos
de qué labios saldrán las canciones que te alivien 
cómo sacarás a los peces de tu cuerpo sin llamar la atención del gallinazo
cómo romperás el oleaje de las tumbas que se ocultan en la fuerza del agua

¿A caso alguien más conoce este dolor de saberte muerto,
inconcluso, exiliado por los hombres, torturado, encadenado, con el estómago abierto, amarrado a ladrillos… sin esperanza de ser encontrado?

Sí es así que bajen a las profundidades por nosotros
que se arrodillen
que nos abracen 
que nos dejen soñar con un entierro
que nos devuelvan los apodos cariñosos de la madre
que no nos olviden
que no nos olviden
que no nos olviden.

Desearía ser un teorema

algo que demore en resolverse
una potencia anulada en la desolación de las matemáticas
el fuego que ondea en sus llamas los santuarios ocultos
del movimiento del mundo
el equilibrio feroz de los fungis
su pared celular sin celulosa 
un misterio evolutivo 
en la tristeza fosilizada de la humanidad.
 

Cómo hago 

para perderme en el delirio esbelto de los sauces llorones
en la figura lanceolada de sus hojas
o en la raíz melancólica que conecta el mundo vegetal
con los sueños mántricos del río

Que alguien me responda cómo se deja de esperar 
la huella del Sol sobre las cosas.