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Paul Muldoon

-1951-

Nació en el condado de Armagh, Irlanda del Norte, en 1951. Actualmente vive en Nueva York. Ex productor de radio y televisión para la BBC en Belfast, ha enseñado en la Universidad de Princeton por más de treinta años. Enseñó poesía varios años en la Universidad de Oxford. Es autor de trece libros de poesía, incluyendo Moy Sand and Gravel, 2002, por el cual ganó el Premio Pulitzer 2003 y el Premio Griffin; y Frolic and Detour, 2019; así como Poemas seleccionados 1968-2014, 2016. Conociendo mi lugar, 1971; Nuevo clima, 1973; Espíritu del amanecer, 1975; Madoc, un misterio, 1990 (Premio en memoria de Geoffrey Faber, 1992); Los Anales de Chile, 1994 (Premio T. S. Eliot); El príncipe de lo cotidiano, 1994; Latitudes de caballos, 2006; Canciones y sonetos, 2012; La palabra en la calle, 2013; Le di al papa un rinoceronte, 2017. Obtuvo igualmente el Premio Shakespeare 2004, el Premio John William Corrington a la excelencia literaria 2009; y la Medalla de oro de la reina en poesía, 2017.

Roger Rosenblatt, escribiendo recientemente en The New York Times Book Review, describió a Paul Muldoon como "uno de los grandes poetas de los últimos cien años, que puede ser todo en sus poemas, palabra lúdica, lírica, hilarante, melancólica. Y furiosa. Sólo Yeats antes que él podía escribir con semejante furia medida".

Muestra de poemas para su partticipación en el 30º FIPMed

Esta es una muestra de sus poemas:

Tres ciervos, Sharon Springs, noviembre, 2020

Elegantes, aunque lleven gabardina completa
se divierten como cervatillos devotos de Dionisio.
Su santo patrón es José de Cupertino,

el tipo al cual recurren los infelices
que deben atravesar corriendo la autopista de cuatro sendas.
Hay que admitir que son tenaces,

resistiendo nada menos que a las cabras o a los burros
por un bocado que quedó en migaja o polvoriento rocío.
El jurado no ha decidido si los Infortunios

de los Fariseos llegan a ocho (como en Mateo)
o a seis (como en Lucas).
Un rincón de la pradera

donde una vez habitó un cielo se indica en esa placa
azul; el cielo esta mañana está veteado de Coppertone
ahora que la nieve ha lavado en público sus trapos sucios.

             Traducción de Omar Pérez

Año de publicación: 2026

Lobos coyotes

La visión de uno de ellos cruzando por mi patio – todo
cobre-zinc – a pleno día, está tallada en mi ojo.
Es sobre todo de noche, sin embargo, cuando atrapan

algún ciervo desdichado, que sus voces se alzan.
Apenas logran acorralar una marmota o un mapache
y su interpretación de “Ghost Riders in the Sky”

resuena desde aquí hasta Oregon.
La versión que prefiero, para amenizar un viaje por
carretera, es la de Frankie Laine de 1963. Otros consideran

preeminente a Johnny Cash. Otros aun acumulan
elogios sobre Elvis Presley y Burl Ives.
Esta mezcla nocturna de alaridos y melismas

podría provenir
no de toda una manada sino de una sola pareja.
En Alaska un cazador se ha dado a conocer por disponer cuchillos

cubiertos con sangre congelada en los cuales
los lobos coyotes se clavan hasta el hueso.
Aunque esto podría no ser más que mero barullo

acerca de la competencia por un latón de la basura
que activará el detector de movimiento del vecino,
lo percibimos tanto como una alabanza

llegada desde una Misión
que ostenta un mosaico
de San Francisco y el lobo y la llamada del almuecín

a la plegaria desde una improbable mezquita.
Frankie Laine me invitó una vez a coescribir una canción
pero estúpidamente me rehusé porque no sé leer música.

          Traducción de Omar Pérez

Año de publicación: 2026

El pangolín, o lo vástico

para Paul Simon


1

Fue nuestro viejo amigo Owen Glendower, quien, en Enrique IV, Parte 1,
se refirió a lo profundo como “vástico”.
Cada ojo de cada una de las cuatro abejas encontradas en el ojo de una mujer en Taiwán
estaba conformado por 7.000 u 8.000 facetas.
Aunque ya sabemos que la pestaña humana
es el escenario de un festín de ácaros
aún le estamos agradecidos a Hubble
por darnos a conocer la nebulosa en forma de reloj de arena conocida como Cáncer.
El único muchacho vivo en la burbuja 
parece haber desarrollado una tendencia a romper y coger.
Hace ya 60 años que Freedom 7 amarizó por vez primera,
60 años durante los cuales las 900.000 piezas de desecho ahora en órbita
han hecho que algunos vecindarios del espacio sean peligrosos para los visitantes.
Sólo de manera gradual nos habituaremos 
a la idea de que, además de que nuestro planeta esté cubierto de chucherías,
podemos observar una interplanetaria tormenta de mierda:
pernos, discos en blanco, fruslerías, gorgueras, miriñaques, arandelas, tuercas  y servilleteros.
Para fines del 2020, parecerá casi irrelevante que Christo haya envuelto
el Arco de Triunfo con tejidos usados alguna vez por los Chalecos Amarillos.
 


2

Es tejido usado por los Chalecos Amarillos más bien que polipropileno 
lo que Christo podría ahora cosechar en una manada
de ballenas cabezudas. Con sus mandíbulas
recicladas alguna vez
se hicieron varillas de corpiños para que mujeres con formas de ampolleta ganaran en prestancia.
Podrían haber unos 500 galones de esperma en un solo cráneo de ballena.
Mientras que algunos bebemos dobles
en bares para solitarios
el único muchacho viviente en la burbuja
anhela que un tajo se transforme en una buena cicatriz de la vieja escuela.
Cuánto admira la elegancia con la que esos científicos israelitas usaron tejido humano 
para imprimir un corazón diminuto en 3-D.
En el tema de la ciencia, el Rey y sus lánguidos
lacayos siguen ocupándose de armas biológicas
pero intentan subyugar
nuestra convicción de que el cambio climático terminará en baños de sangre e invasiones de langostas.
Las autoridades en Singapur condujeron recientemente una operación
en la cual aplastaron los esfuerzos de una banda Nigeriano-Vietnamita de traficantes
interceptando dos cargamentos 
cada uno con la casi inimaginable cantidad de 14 toneladas métricas de escamas de pangolín.

3

Esas 28 toneladas de escamas fueron arrancadas de 40.000 de los llamados  “comedores de hormigas”
con vistas a prevenir cualquier cosa desde la hidropesía (moderada) a la depresión  (severa), 
la gonorrea y la gastroenteritis.
Es trabajo de artista recolectar detritos y reconducirlo hacia la atmósfera terrestre
ya que es en ese resplandor, el resplandor
del retorno, en el que algo puede aclararse.
En Derry y en París están una vez más recolectando los escombros
para una causa pasada de moda.
El único muchacho viviente en la burbuja
parece haber desarrollado un sarpullido en una de sus garras retráctiles.
La quemadura no llega ni antes ni después del estallido.
En ese momento observamos por detrás del párpado de una mujer taiwanesa
el hecho de que cuatro abejas estuvieron viviendo de sus lágrimas.
Esta idea de que la frialdad artística es la norma
es tal que no puede simplemente disolverse
así que estaremos allí cuando los batallones formen,
levantándose contra el Rey
en su armadura de escamas de pangolín cuando hagamos atronar el espacio.
La última vez que nos encontramos, si no recuerdo mal, habías tomado el mando del satélite de rescate 
de manos de nuestro viejo amigo, el activista galés Owen Glendower.

            Traducción de Omar Pérez

Año de publicación: 2026