Llamar del universo las palabras
Por:
Vadim Terekhin
Traductor:
Rubén Darío Flórez
Presentación
Por Rubén Darío Flórez
Este libro de poesía contiene diecinueve poetas de Rusia que habitan la memoriosa geografía rusa de diecisiete millones de kilómetros cuadrados; esta dimensión permitirá que el libro bien pueda ser imaginado como un continente para sus autores, autoras y lectores. Es cierto, cada lugar de Rusia retiene en una de sus calles, en una plaza, en un río, en una esquina o en una ciudad entera el nombre de un poeta: La ciudad de Lermantov el poeta del ángel sideral. Y hay una plaza en Moscú, en la plaza hay una estatua y la estatua es fundida en bronce, el bronce tiene 11 metros de altura, la estatura de gloria del poeta Alexander Pushkin en el centro de la capital de Rusia. Debajo del río Nevá, en las entrañas del subsuelo de San Petersburgo, se ve en gráficas vetas de acero y hierro la efigie en el metro de Maiakovski. El poeta
voz, velocidad y pasión de su poesía acoge a los viajeros que van a sus destinos.
Los poetas en Rusia han creado las memorias emocionales y lingüísticas de la nación. Fue el caso de Nikolai Derzhavin, poeta del Imperio ruso, quien en el siglo XIX escribió el gran libro Historia del estado ruso. Rusia es un país donde el lenguaje de la poesía da sentido a la nación. A lo largo de tres siglos desde el s. XIX, la poesía rusa formaría la autoconciencia de cada habitante y fue el medio de una memoria emocional de la patria. Más allá de un interés pragmático, los poetas rusos crearon una geografía imaginaria evocadora de la experiencia entre el yo, la naturaleza y las estaciones. El lugar del poeta en Rusia fue siempre socialmente significativo: el poeta puede representar el espíritu o la imagen del pueblo sea en Esenin, Maiakovski, Visotski, Pushkin o en el envés de esta condición, el poeta de Rusia tiene al lenguaje de la poesía como la forma y el contenido del yo individual, que sería el habla de millones. Los tirajes de los poetas en Rusia han sido siempre gigantescos. Ediciones de libros de poesía de 50.000 ejemplares eran frecuentes en la URSS.
Si hay un lenguaje de tres siglos sobre la nostalgia, la pasión, el dolor erótico, los dilemas de la vida y la entrañable afirmación en las emociones del sujeto, ha sido cierto en Rusia. En Rusia el lenguaje de la poesía acuña códigos, metáforas y ritmos de expresión existencial no meramente como entretenimiento. Dostoievski escribió un agudo y emotivo ensayo sobre la poesía de Alexander Pushkin, afirmando que parte de su tarea como escritor consistía en descifrar el misterio de la escritura de un poeta, y se refería a Pushkin. Dostoievski veía de esta manera la tarea de la poesía en Rusia.
Dostoievski estaba imaginando los textos síntesis de lenguaje, espíritu y destino apasionado del poeta Alexander Pushkin: “En la poesía es imprescindible la pasión, imprescindible la idea genuina y un dedo que señale, indicando apasionadamente. La indiferencia y el reflejo realista de la realidad no significan nada”. En este enunciado de Fiodor Dostoievski están las preguntas que han agitado la poesía rusa a través de su larga historia: ¿es la poesía expresión profunda de una idea que conmueve? ¿es la poesía la perdurable forma apasionada de la vida efímera? ¿la poesía es otro universo de realidad que descifra la realidad? ¿La poesía expresa la belleza de la imaginación apasionada? ¿El más cierto idioma del yo es la primera persona en la poesía? ¿Y de cuál “nosotros” nos apartamos; o nos inventamos solidarios en el plural “nosotros” de la poesía? ¿se distingue el lenguaje de la poesía del idioma cotidiano en qué? ¿Admite la poesía como un lenguaje simbólico la totalidad del mundo? ¿Inventa el lenguaje de la poesía un mundo en el cual la palabra surgida de la certeza del autor cuestiona la realidad semiótica y social? ¿y es la poesía una hermosa emoción de inconforme rebeldía?
Ni medias tintas de la imaginación, sino un arte de la poesía sutil que se descifra en las palabras del poeta con su idioma que renueva los códigos semióticos del lenguaje cristalizado de la tradición.
En Rusia el Poeta, Alexander Pushkin se mató en un duelo por un código de honor que regulaba las cartas de ofensa y réplica verbal, cuántos padrinos secundarían a quienes iban a matarse, cuántos pasos de distancia entre los duelistas, el tipo de armas. En Rusia, el poeta, Iuri Lermantov fue húsar del zar y se batió de tedio en el escenario de un duelo por venganza. Numerosos geólogos en la Unión Soviética escribían libros de poesía y exploraban minas de diamantes. Сonstantin Símonov, corresponsal de guerra durante la segunda guerra mundial, escribió en el frente crónicas y un poema inolvidable: Espérame que yo regresaré (Жди меня и я вернусь.). El mayor poeta ruso de la segunda mitad del siglo XX, V. Vysotski, fue el actor moscovita más admirado en el papel de Hamlet, lo seguían miles a sus conciertos donde
cantaba su poesía. Otro poeta, Velemir Klebnikov, recorrió errante en Rusia sus caminos interminables, los monasterios místicos, las ciudades medievales de belleza inolvidable; en los años 20 inventó una poesía de solo fonemas y sonidos. “Para Klebnikov el sistema de la lengua y el presente como tiempo del lenguaje, es lo único que existe”, escribió Osip Mandelshtam. Klebnikov vaticinó una cadena global de señales que conectarían a los seres humanos, preludiando el internet.
Grandes poetas creadores de una gran poesía cuyos continuadores con otros lenguajes, en las circunstancias de finales del siglo XX y comienzos del siglo XXI, son los poetas cuya obra van a conocer los lectores que abran las páginas de este libro editado por el Festival Internacional de Poesía de Medellín.
La poesía de Rusia en las palabras de medidas cadencias verbales, en la misteriosa maestría de su métrica que se lee a primera vista con facilidad, aunque el lector descubrirá que tiene sustratos escondidos de significaciones en sus metáforas esenciales y en sus enunciados exactos; es la lección de la poesía rusa de siempre. Los objetos de la casa, las trivialidades de la tristeza, la ecfrasis hermosa que pinta los rostros, los lugares, los gestos de una pareja de ancianos, la guerra sin pintura y su heroismo sin maquillaje de un amor sin fronteras por la tierra rusa, que parió con amor a los soldados. El tópico a flor de piel y sensual del verano que calienta la tierra y los cuerpos de Rusia, cierta intuición rusa de la naturaleza que sienten tan bien sus poetas:
¡Ah, la diáfana noche! Es el verano del norte.
Aún no se despliegan las constelaciones de las estrellas,
apenas asoma un cachito poroso de la pálida luna,
se va desgranando como avena menuda.
El lector encontrará y disfrutará los lenguajes de 19 poetas, nueve mujeres y 10 hombres de dos generaciones que vivieron la experiencia de la gran guerra patria, el periodo de Krushev en la guerra fría, la disolución de la URSS, de secuelas desgarradoras, el renacimiento de Rusia desde comienzos del siglo XXI. Y en esta versión en idioma español, que he traducido directamente del idioma ruso para la serie Hipnos de la Colección Prometeo, cada amante de la poesía encontrará ritmos, tópicos (amor dicho en diálogo y monólogo, fantasías metafísicas de belleza inopinada, el humor ácido, el lenguaje coloquial para expresar empatía con la soledad, la patria como una obsesión amorosa y un dolor, los ritmos de las estaciones, los dilemas por la historia de Rusia vasta, colosal, que como un ave fénix se despliega en las hermosas imágenes de este libro, que abrirá a los lectores y lectoras colombianos a escenas de diálogo con la poesía contemporánea de Rusia. Las poetas y los poetas de este libro permitirán a los lectores imaginar y escuchar sus voces en atmósferas oníricas propias de la poesía que hoy se escribe en Rusia.
Libro de 271 páginas con versión original en ruso y traducción al castellano de Rubén Darío Fórez.
Colección Hipnos #27