Que no desaparezca el puente
Por: Karuraqmi Puririnay
Octubre 16 de 2025.
Hace un año tuve el placer de ser parte del 34° Festival Internacional de Poesía de Medellín, un hogar que recibe con inmenso cariño a poetas de diferentes partes del mundo, y que además visibiliza propuestas jóvenes haciéndolas resonar en sus más de tres mil oyentes. Cuando pienso en el Festival Internacional de poesía de Medellín, se me viene a la mente un puente, uno inmenso, uno que conecta no solo poesía, sino comunidades, sus formas de vivir, pensar y resistir. Un puente que abraza la diversidad cultural y sus voces, sus múltiples latitudes, lenguas y tradiciones.
Considerando que la poesía que más que arte es memoria colectiva, resistencia histórica y vehículo de transformación, la posible desaparición o cierre del festival, que considero el más importante en el mundo, significaría la pérdida irreparable de un espacio de cohesión, entendimiento e intercambio social, significaría retroceso en la promoción de la sensibilidad, el pensamiento crítico y la imaginación que tanta falta hacen en estos tiempos de violencia, crisis y fragmentación social. En un mundo herido por los discursos de odio, la polarización y el desencanto, necesitamos más que nunca estos encuentros donde la palabra se pone al servicio de la escucha y la reflexión como una forma de preservar nuestra humanidad. El festival de poesía de Medellín es ya un territorio, sin límites geográficos, donde la palabra se ha vuelto comunidad, un hogar donde creemos en el poder transformador de la poesía, una vía esencial para nombrar lo indecible y para explorar las tensiones entre lo individual y lo colectivo. Tal como afirmaba César Vallejo, cuya vigencia es insoslayable: “Hay, hermanos, muchísimo que hacer”. Ese hacer no es solamente político o económico, sino también simbólico y poético. Festivales como este no solo promueven la creación literaria, sino que también consolidan espacios de reconciliación, reflexión crítica y de construcción cultural. Defender la poesía y el árbol donde se conservan raíces y se cuidan sus frutos, no es un gesto nostálgico ni romántico: es un acto de responsabilidad cultural, ética y política.
Por ello me uno con profunda convicción a las voces que abogan por la continuidad del Festival Internacional de poesía de Medellín, importante comunidad que entiende que la palabra, cuando se comparte y se multiplica, se vuelve acto y se vuelve puente. Una vez más, mi gratitud y admiración al tejido humano que sostiene, con plena entrega, esta tradición poética.
Con cariño y aprecio.
Karuraqmi Puririnay
Huancayo, Perú.
Octubre, 2025.