Guillermo Martínez González (Colombia)
Por: Guillermo Martínez González
Arbol derribado
Ya no serás más
De las estrellas y el viento
Pajarero de flores rojas
Caído como un hombre
Que se desangra en la lluvia
EN EL SILENCIO TU NOMBRE
He ahí que he pronunciado
En el silencio tu nombre
Cuando a nadie le importa tu fuego
Y los hombres como autómatas
Se dirigen al trabajo.
Cuando a nadie le importa tu nombre
Y los milagros desconocidos
Que despiertas.
He ahí que me levanto
Estremecido por tu temblor de cielo
Por la oscura herida
De tu más remota estrella
Por tu extraño esplendor
De criatura mortal que besa el infinito.
He ahí que te llamo
Porque estoy poseído de ti
Que iluminas y devoras
Y permaneces invisible
Porque a nadie se le ocurre
Abofetear el rostro de la vigilia
Y descubrir los terrores del relámpago.
CANCION DEL MUSICO DEFORME
Me duele en el cuerpo
La perfección de la rosa
Y el piano que estremece
Los cristales de la luz.
Trato de olvidar
En mi cuarto vacío
Inventando la música.
Desnudo me paseo
Sin contemplar las flores
Que se agitan en el patio.
VISION DE INVIERNO
Desnudos los árboles
Blanca la colina.
Silenciosa canción
Cae la lluvia.
CANTILENA
Toda la noche el viento
Todo el viento toda la noche.
Esas tardes, esos paréntesis
Sucede que hay días
Que hay tardes en que uno
No quisiera trabajar
En que uno quisiera estar por ahí
Fumándose un cigarrillo
O bebiéndose un buen vino
Mientras se acerca la noche.
En que uno quisiera estar por ahí
Hablando sobre las primeras novias
Con un viejo amigo
Mientras la lluvia cae sobre la ciudad
Como una cortina blanca
Como un coro de ángeles húmedos.
Sucede que hay tardes
En que uno quiere volar por la ventana
En que uno quisiera ser como la música
Que no pesa en el aire ni en los hombres
En que uno está para soñar
Para conversar con antiguos
Días de la infancia.
Sucede que hay días así
Mañanas de esas en que uno amanece de vago
Tardes de ésas paréntesis de ésos
En que duelen los horarios del oficio
Y las teclas de la máquina
Se clavan en el alma.
En que uno está totalmente
Desligado del mundo
Y no quiere hacer nada
Y quisiera estar todo el tiempo
Bailando sobre la lluvia.
Saludo al mundo con mi séquito de fantasmas
A veces despierto en la noche
Sobresaltado por el galope secreto del viento
Por la conversación transparente
De mujeres desnudas
Por el fragor de antiguas batallas
Y el humor dulce de recientes muertos.
Y entonces invadido de inmensos
Surtidores de mariposas
Poseído de la canción incesante
Del mar que me persigue desde la infancia
Saludo al alba con extrañas metáforas
Doy mis buenos días al mundo
Con mi séquito de fantasmas.
Una resurrección
Una resurrección,
Pido ahora para poder vivir
En estos días de muerte
De mal que se agarra
A mi garganta como una soga.
Para volver a sentir de nuevo mis heridas
El sol que quema al deseoso
El odio, la ironía que nace de mi amor.
Para volver a verte, amiga mía,
Dulce cantora entre la lluvia,
Como cuando estábamos poseídos de luz
Y tú soñabas frente a mi espejo
Y de tu boca salían pájaros.
Renacer,
Eso pido como cualquier Lázaro
En estos días en que transito
Solo en la sombra
Como una piedra lanzada al vacío.
Guillermo Martínez González nació en La Plata - Huila, 11 de mayo de 1952, falleció en Bogotá, 26 de septiembre de 2016. Fue un poeta, ensayista, editor y librero colombiano. Librosde poesía publicados: Declaración de amor a las ventanas, Puentes de niebla, El árbol puro del río, El bosque de los bambúes, Traducciones de poesía china, 1988; Mitos del Alto Magdalena, 1990; Lu Xu, Poemas,1990; Tres Poetas de Lengua Inglesa (traducciones de W.B. Yeats, Theodore Roethke y Kenneth Patchen, 1993; El Árbol puro del río, Bogotá, Traductor de poetas chinos desde el inglés, 1994.
Crítica y transgresión: comentario sobre la poesía de Eduardo Gómez