El rol de la poesía en nuestro tiempo
Por: Dwayne Morgan
Tenía dieciocho años cuando encontré mi voz, y advertí que tenía la capacidad de dar vida a las historias con mi pluma. Antes de aquel momento, nunca había escrito, nunca había explorado los rincones creativos de mi mente. No tenía motivos para considerarme escritor o artista, pero poco sabía del cambio que me esperaba.
Como adolescente canadiense de padres jamaicanos, pronto sentí un peso y una responsabilidad sobre mis hombros. Con cada poema que compartía, la gente se veía reflejada en mis palabras. Pronto advertí que las historias que me venían a la mente no eran mías, sino que estaban conectadas con algo más grande.
Cuando te encuentras rodeado de una cultura dominante, cada poema crea una oportunidad única para forjarte un espacio, para decir que estás ahí y exigir que te tengan en cuenta. Para mis padres, dejar atrás todo lo conocido y comenzar una nueva vida en un país extranjero, se basó en la fe y la esperanza de que sus hijos tendrían mejores oportunidades que las que se les presentaron a ellos. Para mí, y para quienes formamos la primera generación nacida fuera del Caribe, nos encontramos en un lugar único, donde éramos demasiado extranjeros para ser jamaicanos, y nuestra piel oscura y nuestra comida extraña no encajaban en la imagen de lo que era un canadiense. Formé parte de una generación que buscaba su identidad y anhelaba ser vista y reconocida.
Cada poema que escribí dio a la gente permiso para ser y me llenó de un sentido de propósito. Me permitió darme cuenta de que era más de lo que jamás había imaginado, más de lo que me hacía sentir el ser marginado. Fue esta constatación de que mi voz importaba y que contaba historias que a otros les costaba articular, lo que inspiró gran parte de mi trabajo como escritor, artista, curador y mentor.
Por más de treinta años, he tenido el privilegio de ver cómo la poesía y el arte de contar historias pueden conmover a las personas, mejorar vidas y generar cambios que van mucho más allá de lo que imaginábamos al crear nuestras obras. Como ocurre con muchos artistas, la obra de los poetas suele trivializarse, cuando a menudo es lo que da sentido a una sociedad.
Avanzando rápidamente, el mundo se encuentra en una situación precaria. La tecnología, que se suponía nos uniría, nos ha separado en muchos aspectos, creando división y robándonos la oportunidad de aprender de quienes ven el mundo desde una perspectiva diferente. Ahora tenemos más acceso a las personas y a la publicidad, y menos acceso a la conexión y a la verdad. Pasamos más tiempo mirando hacia abajo, a los dispositivos, que hacia adelante, hacia el rumbo que toman nuestras vidas. A nuestros hijos se les está robando la alegría de descubrir la propia imaginación.
Para nuestros jóvenes, las redes sociales han demostrado ser una amenaza para el aprendizaje, la capacidad de atención, la conexión humana y la autorrealización. El lenguaje se ha convertido en una serie de abreviaturas que se descifran como jeroglíficos. Se espera que todo suceda en un instante, por lo que sufrimos de ansiedad, sin la habilidad de la paciencia. Nos cuesta conectarnos en tiempo real, en persona, porque estamos demasiado acostumbrados a escondernos detrás de una pantalla. Nos cuesta amarnos y aceptarnos en un mundo de constante comparación, con influencers y anuncios que promocionan pastillas, clases y cirugías para las inseguridades que nos infunden. Ahora es más difícil que nunca destacar como individuo, cuando existe un molde aceptable en el que se supone que debemos intentar encajar.
La concentración de la propiedad está poniendo al mundo en crisis, ya que las personas se convierten en peones de la avaricia corporativa. La concentración de la propiedad de los medios ha llevado a la supresión de ideas, identidades y voces. Lo que entendemos como noticias, se selecciona para contar la historia de quien tiene el poder de dictar la trama. Las contranarrativas y las experiencias vividas de las personas a menudo se ignoran o deslegitiman, para asegurar la narrativa corporativa.
A medida que avanzamos en este nuevo mundo de IA, muchos más se verán absorbidos por una cultura dominante programada, y es aquí donde la poesía ofrecerá a la humanidad un salvavidas. Será responsabilidad de los poetas recordar al mundo el poder de las historias para crear conexión entre los seres humanos. Será nuestro deber recordarles a las personas su humanidad, que más que simples títulos y descripciones de trabajo, son seres divinos con propósitos qué cumplir. Serán los poetas quienes recuerden a las personas su importancia: la importancia de la palabra, el amor, el tacto, la expresión.
De niño, me costaba verme reflejado en el mundo. Es probable que más personas experimenten esa sensación en los años venideros. La poesía me salvó y dio origen a una versión de mí que jamás imaginé, y será la poesía la que salve al mundo de sí mismo, devolviendo la esperanza y la dignidad a personas de todo el mundo.
Toronto, Canadá
Dwayne Morgan comenzó su carrera en spoken word en 1993. Apodado cariñosamente por sus compañeros como el padrino del spoken word canadiense, Morgan es autor de 16 libros y 10 colecciones en audio de su obra. Fue nombrado miembro de la Orden de Ontario en 2023, ganador del premio Celebration of Cultural Life de la Toronto Arts Foundation en 2022, finalista del Premio del Primer Ministro a la Excelencia en las Artes en 2016 e incluido en el Paseo de la Fama de Scarborough en 2013.
Dwayne ha compartido escenario con muchos de los mejores artistas de Canadá, entre ellos Russell Peters, además de actuar como telonero de artistas internacionales como Alicia Keys y grabar con artistas canadienses, entre ellos Drake. Hasta la fecha, Morgan ha compartido su trabajo en 18 países.