Madre del planeta
Por: Geraldine Marín
Siempre he pensado desde niña que algo hermoso existe en el mundo. Siempre con mi mirada dulce vi la maldad como algo terrenal y al ir creciendo por el camino, encontré el amor, un amor capaz de mostrarme la medicina de palabras y el abrazo poético.
Al llegar la poesía a mi vida, comprendí que los caminos para la humanidad son dulces, amargos, fríos o temporales. La vida es un cambio constante, por ende, los seres vivos estamos expuestos a los cambios. Pero esos cambios deben ser para el bienestar del planeta.
Los mitos enseñan que somos seres mitológicos, y como tales, mezclados de arena, arcilla, polvo de estrellas, sangre indígena y de todas las latitudes. Pero al final del día, simplemente somos seres humanos con cuerpo carnoso y alma divina. Comprender es de nobles, pero amar la vida es de sabios.
A grandes escalas observamos el conflicto, la guerra, el hambre, la miseria, el dolor, la violación a los más vulnerables, la muerte. Esa muerte que nos dice que nadie vivirá eternamente. El mundo extenso pertenece al agua, a la tierra, a los cielos, al océano y al viento. Hemos caído en un estado de supremacía personal y hemos olvidado lo que nos enseñan la madre poesía, el amor y la libertad. Esa libertad de decir no al mal, a ese ojo oscuro que tiñe todo, a esa boca mutilada y mutiladora de los deseos, a ese ser oscuro que sin piedad arranca almas mártires a este pequeño plano.
Creo que existe la liberación humana a través de la creación poética, esa obra, ese poema, esa historia, esa película, esa canción. Expresiones en tantas dimensiones. La creación es un estilo de vida saludable, te abre las puertas desde este pequeño plano hasta la vida grande, te invita a tener una conversación con una abeja, con una flor, con tu cartera, con tu mano. En todas las formas habitables de la tierra existe la creación.
Y el bello juego de las palabras debe llamarse siempre Diosa Poesía, madre, hermana, amiga. Esa fuerza liberadora de tormentos y dolor, esa pequeña palabra sagrada es el camino a la paz de nosotros los hermanos de la bóveda silvestre. Así mismo la poesía es perla del olimpo y maestra piadosa. Al fin del día siempre estaremos esperando un nuevo amanecer y de cada nuevo día, llega la vida a una cima de gozo y gloria. Llegará siempre nuestra madre, nos besará y dormiremos como una planta mimosa rozada con los dedos y la certeza de que mañana jugaremos a crear un mundo llamado Poesía.
Geraldine Marín nació en Armenia, Colombia, en diciembre de 1994. Chef de profesión, escribe poesía desde hace algunos años. Ha sido asistente durante varios años en varias labores del Festival Internacional de Poesía de Medellín, ha participado en algunos talleres de creación poética y lecturas de poemas del Proyecto Gulliver, dedicado a la infancia y la adolescencia. Actualmente es la coordinadora de sedes del 36° Festival Internacional de Poesía de Medellín. En junio de 2026, editará su primer libro de poemas, Hija de nadie, actualmente en preparación.