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La creación poética como experiencia del límite

Por: Lilian Silva

           “Pensar poéticamente es descender a la noche sin perder la fidelidad a la luz.”
           — María Zambrano

Pensar la creación poética no es, para mí, definir un objeto ni delimitar una técnica o método. Es acercarse a una experiencia que se resiste a ser fijada, que ocurre en el borde del lenguaje y de la conciencia, allí donde pensar implica también descender a la sombra. La poesía no se deja atrapar sin perder algo de su verdad. Tal vez por eso escribir sobre ella exige una forma de atención distinta, una escucha que no busca dominar lo que aparece.

La creación poética surge allí donde el lenguaje vacila, donde la lengua tiembla. No nace de la certeza, sino de una interrupción: cuando la palabra cotidiana se vuelve insuficiente para decir la experiencia. En ese punto, escribir no es comunicar un contenido previo, sino exponerse a lo desconocido, como si la escritura comenzara cuando ya no se sabe qué decir y, aun así, se insiste.

En ese sentido, la creación poética es una experiencia del límite. No del límite como frontera cerrada, sino como umbral. La escritura se sitúa entre el silencio y la palabra, entre lo decible y aquello que apenas se insinúa. Escribir es habitar ese espacio inestable, aceptar que el lenguaje no responde del todo a quien escribe, que algo se escribe a pesar de uno mismo¹.

Esta concepción de la escritura se aproxima a la reflexión de Maurice Blanchot, para quien escribir no es una afirmación del yo, sino una experiencia de desposesión. En la creación poética, el sujeto no se afirma: se retira. La voz que escribe no coincide plenamente con la voz biográfica. Hay un desplazamiento, una suerte de anonimato donde el texto se vuelve más importante que la voluntad del autor. Escribir, entonces, no es decir “yo”, sino permitir que algo ocurra en el lenguaje: una experiencia ligada al extrañamiento².

Por eso, muchas veces siento que no escribo para expresar lo que soy, sino para perderme un poco en el acto de escribir. La creación poética no confirma una identidad: la pone en cuestión. El texto abre una distancia entre quien escribe y aquello que escribe, y en esa distancia aparece una forma de verdad que no es confesional, sino impersonal, casi extraña, como un caballo fulgurante del que conocemos la forma, pero que se mantiene indómito.

Sin embargo, esta experiencia del límite no es fría ni abstracta. En ella hay cuerpo, memoria, herida. Aquí se vuelve fundamental la noción de razón poética desarrollada por María Zambrano. Frente a una razón que separa y domina, la razón poética propone un conocimiento que nace de la experiencia vivida, del padecimiento, de la intuición, y no separa pensamiento y vida³. No se trata de explicar el mundo, sino de acogerlo en su ambigüedad.

Desde esta perspectiva, la creación poética no es un adorno del pensamiento, sino una forma de conocimiento. Un saber que no se impone, que no clausura, que avanza por rodeos con lucidez. Insumisa, la poesía piensa, pero lo hace desde la sombra, desde lo fragmentario. Es un pensamiento que acepta no llegar del todo, que se permite la duda y la contradicción.

Escribir, para mí, se sitúa en ese cruce: entre la retirada de la voz y la búsqueda de sentido. Escribo desde la experiencia, pero no para fijarla; escribo para escuchar lo que en ella permanece oscuro. La creación poética aparece, así como una forma de fidelidad a lo incompleto.

En este proceso, el silencio cumple un rol central. No como ausencia, sino como origen. Muchas veces el poema —o el gesto poético— nace de una pausa, de una detención. La escritura no avanza por acumulación de palabras, sino por cortes. Decidir qué callar es tan importante como decidir qué decir. El silencio no es el enemigo del lenguaje, sino su condición.

La creación poética también altera el tiempo. No responde a la lógica de la productividad ni de la eficacia. Es un tiempo suspendido, cercano a la espera. Escribir implica demorarse, volver, reescribir, como un gesto de resistencia en un mundo que avanza con violencia y prisa, dispuesto a devorarlo todo sin testigos. No hay progreso lineal, sino insistencia. En esa lentitud, la palabra se decanta y el sentido, por un instante, encuentra refugio.

Así entendida, la creación poética no busca ofrecer respuestas, sino sostener preguntas. No pretende iluminarlo todo, sino cuidar aquello que no puede ser expuesto a plena luz sin perder su densidad. La poesía no revela: vela y desvela al mismo tiempo.

Crear poéticamente es, entonces, aceptar una forma de fragilidad. Escribir sabiendo que el lenguaje falla, pero también que en ese fallo se abre una posibilidad. Una forma de estar en el mundo sin dominarlo, sin agotarlo en conceptos. Para mí, crear es permanecer en ese umbral: sostener las riendas de un caballo fulgurante sin quebrar su ímpetu, besar la copa de los árboles sin pretender ser pájaro, escribir no para cerrar el sentido, sino para mantenerlo abierto, atento y salvajemente vivo.


Notas al pie:

  1. Maurice Blanchot entiende la escritura como una experiencia que comienza allí donde la palabra se separa de la intención del sujeto y entra en una zona de indeterminación.
  2. Blanchot, Maurice. El espacio literario. La escritura como experiencia de desposesión y de anonimato.
  3. Zambrano, María. Filosofía y poesía; Claros del bosque. La razón poética como forma de conocimiento que integra pensamiento, emoción y experiencia vital.

Lilian Silva (Bogotá Colombia. De oficio, lectora; de profesión, promotora de lectura y escritura y gestora cultural. Es fundadora del colectivo Las Desobedientes, desde el cual desarrolla procesos de divulgación de la lectura y creación literaria en espacios no convencionales como cárceles, hospitales y hogares geriátricos. Asimismo, es fundadora del cineclub La Caja de Pandora.

En 2016 recibió el Premio a la Mejor Crónica del Festival Rock al Parque. Su primer poemario, Círculo de los ojos tristes, fue publicado en 2017 por la editorial independiente Sol Negro e ilustrado por el artista argentino Santiago Caruso. En 2025 publicó el primer aparte de Cartografías mínimas, libro en el que reúne una selección de sus fotografías junto a breves textos de carácter aforístico, editado por la editorial Libre Acceso Ediciones. Sus poemas han aparecido en revistas y antologías literarias de Argentina, Colombia, Chile, Estados Unidos, Italia y México.

Última actualización: 28/01/2026