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El poeta, discípulo de la palabra y servidor del asombro

Por: Ahmed Al-Shahawy

La creación poética no es un lujo lingüístico ni un adorno que se cuelga en la pared del discurso; es un destino interior, un fuego oculto que consume a su dueño hasta que escribe. El poema no es un conjunto de palabras alineadas, sino un arrebato hacia un significado invisible y un regreso de él con las manos temblorosas. 

El poeta no escribe porque quiera, sino porque no puede no escribir. En su interior hay un desierto que busca lluvia, un mar que se estrecha con sus barcos y un corazón que se revuelve sobre las brasas de la visión.

La poesía es un nacimiento difícil. La idea no es una semilla serena, sino un relámpago. Llega de repente o se desliza como una brisa errante, luego habita en el alma durante un tiempo, la trastorna, inquieta su sueño, hasta transformarse en palabras. El poeta escucha largamente antes de hablar; escucha lo que no se dice y lo que se oculta tras el ruido. La escritura comienza con el silencio, la paciencia y la contemplación. Quien no sabe escuchar, no sabe decir. La palabra, para el poeta, no es una herramienta, sino un ser vivo: si no sabes tratarla, se aleja y huye de ti.

¿Cómo escribe el poeta? Escribe en su máxima debilidad y en su máxima fuerza. 

Escribe cuando las cosas se rompen dentro de él y cuando se completan. Se sienta ante la blancura del papel como el devoto ante su santuario. No hay prisa en el poema, porque si llega apresurado, llega cojo. El poeta rehace el verso muchas veces, borra, cambia, descarta una palabra y conserva otra, hasta que el tono se endereza. El poema es un solo aliento: si se altera, todo el cuerpo se altera. Por eso el trabajo sobre el ritmo, la imagen y la economía del lenguaje forma parte del rito de la escritura.

Sin embargo, el camino no está pavimentado. El primer obstáculo es el miedo: miedo a la repetición, a caer en lo habitual, a parecerse a otros. Luego viene la soledad, espada de doble filo: otorga claridad al poeta, pero le roba el calor del mundo. A veces la sociedad se convierte en barrera cuando no comprende su nuevo lenguaje o le exige el ritmo al que está acostumbrada. Está también el peso de la tradición: un mar inmenso que intimida al principiante y desconcierta al esforzado. ¿Cómo escribir rodeado por las voces de los antiguos? ¿Cómo encontrar la propia voz en medio de ese hermoso estruendo?

Después llegan los obstáculos de la vida: la necesidad, el trabajo, las obligaciones, las decepciones, la enfermedad, la soledad. La poesía no vive en una torre de marfil; habita en el cuerpo, y el cuerpo se cansa. A veces el poema traiciona a su autor y este se sienta ante el papel sin que nada le obedezca. Es un momento duro, en el que siente que ha perdido sus llaves secretas. Pero la oscuridad forma parte del camino. Todo silencio esconde en su interior una llamada aplazada.

Para que el poeta llegue a poseer un lenguaje nuevo, debe primero demoler el suyo. No basta con el legado; hay que reinterpretarlo. Lee mucho, no para imitar, sino para saber lo que se ha dicho y buscar lo que no se ha dicho. El lenguaje nuevo no nace del vacío, sino del contacto profundo con la vida, los libros y las personas. El poeta debe arriesgarse, romper las estructuras hechas y dar a las palabras otras sombras. La misma palabra puede renacer si se coloca en un contexto distinto, si se carga con una visión auténtica.

La sinceridad es la piedra angular. 

No hay lenguaje nuevo sin experiencia nueva. Quien escribe lo que no ha vivido, escribe la nada. La experiencia no es un hecho pasajero, sino una combustión interior. El amor, la pérdida, el viaje, la ruptura, la contemplación y las preguntas existenciales son materias primas del poema. Pero el poeta no las reproduce tal cual: las rehace, las destila hasta convertirlas en esencia. La condensación es el secreto de la poesía: decir mucho con poco, dejar un vacío para que el lector complete lo que no fue escrito.

El proyecto poético no se forma de la noche a la mañana. Es acumulación, conciencia de lo que se escribe y del porqué. El poeta con proyecto conoce su obsesión central: la pregunta por la libertad, el cuerpo, el espíritu, la patria, Dios o el ser humano en su gran extrañeza. Gira en torno a esa pregunta en formas diversas; la experimenta en el poema en prosa, en el verso libre, en el texto abierto. No teme la transformación, pero no pierde su núcleo. Cada poeta tiene un tono reconocible, como una voz que se distingue en la oscuridad.

Ser diferente no significa ser extraño sin necesidad. La verdadera diferencia consiste en decirse a uno mismo con la mayor claridad y escuchar lo que lo distingue de los demás. Algunos poetas se preocupan por complacer el gusto dominante y pierden su libertad. La libertad es condición de la creación. El poeta libre no escribe para agradar, sino para revelar. Revela su fragilidad, su debilidad, sus dudas, su fe y sus contradicciones. 

El poema es una confesión desnuda, pero también un bello velo.

Para perseverar, el poeta necesita una disciplina secreta. La inspiración sola no basta. La lectura diaria, la contemplación, la revisión de los textos y la escucha de la crítica nutren la experiencia. La crítica no es un enemigo, sino un espejo. Sin espejo, el poeta puede quedar prisionero de su imagen imaginada. Debe aceptar la revisión, borrar a veces lo que ama, renunciar a lo superfluo. La verdadera elocuencia está en la economía, en la frase que ilumina sin parlotear.

Hay una dimensión espiritual en la escritura. El poeta camina al borde de lo invisible, toca lo intangible. No es necesario que sea un místico, pero debe poseer una sensibilidad elevada ante la existencia. Ver en el pequeño detalle un universo entero: en una flor olvidada, en una sombra pasajera, en una lágrima oculta. La visión es lo que marca la diferencia entre un texto ordinario y un poema. La visión es ver más allá de la cosa y darle un nombre nuevo.

La creación poética es un viaje interminable. Cada poema es el comienzo de otro, cada libro una pregunta abierta. El verdadero poeta sigue siendo un discípulo de la palabra, un servidor del asombro. No pretende poseer la verdad; se acerca a ella con cautela y pasión. Escribe para vivir y vive para escribir. Y entre la escritura y la vida hay una distancia de fuego que cruza cada vez descalzo, creyendo que el poema, si es sincero, le otorgará una salvación momentánea, una herida hermosa y un lenguaje que se parezca únicamente a él.


Ahmed Al-Shahawy nació en Damietta, norte de Egipto, el 12 de noviembre de 1960. Realizó estudios de periodismo, en la ciudad de Suhag, en la Facultad de Letras de la Universidad de Asiut, licenciándose en 1983. Trabaja actualmente como director de redacción en Al-Ahram, la mayor fundación periodística en Egipto y el Mundo Árabe, a la que se incorporó en 1985. Es miembro de la Enciclopedia Internacional de Poesía Quién es Quién, desde 1992. Participó en el Programa de Creación de la Fundación Girace, en octubre del 1995-San Francisco, California. El Festival Internacional de Poesía en Rotterdam le publicó dos antologías poéticas en inglés y holandés en junio del 2004. Perteneció a la Comisión de Poesía del Consejo Superior de Cultura de Egipto desde el año 2001 y hasta 2006.  

Ha publicado, entre otros, los libros de poemas: Dos Rakaas para el amor, 1988; Los dichos- Parte Primera, 1991; El libro del amor, 1992; Los dichos- Parte Segunda, 1994; Estados del enamorado, 1996; Los dichos ¨Antología¨, 1996; El libro de la muerte, 1997; Di ella, 2000; Agua en los dedos, edición en español por Milagros Nuin- Instituto Egipcio de Estudios Islámicos en Madrid, 2002; Los consejos en el amor de las mujeres, El libro primero, 2003; La Lengua del fuego, 2005; Los consejos en el amor de las mujeres: El libro segundo, 2006; Una puerta y casas, 2009; Conduzco las nubes, 2010; Nadie piensa en mi nombre, antología, 2011; Un cielo con mi nombre, 2013; Una puerta y casas, 2013.

Ha participado en festivales internacionales de poesía en Nicaragua, El Salvador, Guatemala, Costa Rica, Ecuador y en Córdoba, España. En 1995 obtuvo el premio UNESCO de Letras y en 1998 el premio Kafavis de poesía. Su obra poética ha sido objeto de estudio de varias investigaciones de máster y doctorado en las universidades egipcias y árabes.

Última actualización: 10/04/2026