¡La literatura también tiene su Quibla!
Por: Khosiyat Rustamova
Desde que tomé consciencia de mi intelecto, he estado hombro a hombro con la literatura que busca su quibla. Conocí personas que parecían mayores, pero no se sentían realmente sabias, y nunca las consideré verdaderos escritores o poetas. Cuando aún llevaba mi mochila al hombro, caminaba por la callejuela que separaba mi casa de la escuela, pensando en lo que había leído. Los libros que amaba, moldeaban mi forma de ver el mundo. Hablaba con la gente y me preguntaba por qué no eran como Pushkin. Jugaba con mis amigos, pero me decepcionaba porque no actuaban como los héroes de las historias que admiraba.
No entendía entonces —y sigo sin entenderlo del todo— que la literatura tiene su propio propósito superior, su propia dirección, como un punto sagrado hacia el que se vuelve. Solía preguntarme por qué los humanos tienen dos ojos en la cabeza y me hacía muchas preguntas sobre Dios. Solía hacerme tantas preguntas sobre Él que incluso agotaba a mi madre. Especialmente el día que supe que Él estaba en el cielo, sentí como si la verdad más grande me hubiera sido revelada, y el mundo de repente me pareció mucho más misterioso y fascinante.
Después de aquello, sentí que tenía un nuevo propósito. Miraba el cielo nocturno mientras los demás dormían; buscaba algo inexplicable. A veces imaginaba gente cabalgando allí arriba, pero las imágenes desaparecían antes de que pudiese comprenderlas. Incluso las oraciones de mi madre me resultaban misteriosas. Cuando la veía orar, percibía algo profundo y poderoso, aunque no lo comprendiera del todo. Miraba hacia un rincón de la casa, completamente concentrada, como si el resto del mundo no existiera. El momento más interesante, era cuando ella extendía las manos y susurraba palabras, con la voz entrecortada por sollozos.
Cuando descubrí la literatura, me acerqué a ella como mi madre a la oración. Desde el momento en que escribí mi primer poema, sentí que no todos los caminos en la vida eran iguales. Escribir me recordaba la devoción de mi madre. En las noches que sentía dolor o me pesaba el corazón, me envolvía en una manta y buscaba algo más grande. Sentía una profunda necesidad de ello, y en aquellos momentos encontraba paz.
Aunque he perdido esa sensación muchas veces, ya no temo tanto como antes. A veces sigo buscando dirección, como quien sostiene la alfombra de la oración y busca el camino correcto ¡Por eso creo que la literatura también tiene su Qibla!
(Qibla: la dirección de la Kaaba (el edificio sagrado de La Meca), hacia la cual se dirigen los musulmanes durante la oración.)
Khosiyat Rustamova nació en Uzbekistán en 1971. Es poeta y periodista. Desde 2015, ha sido la editora en jefe del periódico Kitob Dunyosi (Mundo del libro). Pertenece a las Uniones de Escritores de Uzbekistán y Azerbaiyán y a la Unión de Periodistas de Azerbaiyán. Obtuvo el Premio Rasul RIZO, Azerbaiyán, 2021; el Premio Internacional Naji Naaman de Poetas del Mundo, 2021, y el Premio Golden Knight, 2021.
Sus poemas han sido traducidos a más de 30 idiomas y sus libros han sido publicados en varios países. Algunos de sus libros publicados en Uzbekistán: Casa en el cielo; Años olvidados; Sombras errantes, y Cuaderno marrón. Por fuera de su país ha publicado, entre otros: Días sin mañana (Turquía, 2006); Lágrimas de colores (Inglaterra, 2020); Ventarrón (Vietnam, 2020); Viento tormentoso (Bielorrusia, 2021); y Estrella en la palma de mi mano (Ucrania, 2021).