La creación poética
Por: Tilsa Otta Vildoso
No recuerdo cuándo la poesía ingresó en mi círculo más íntimo. Tampoco recuerdo el primer momento de distracción en que comencé a transcribir los pensamientos que planeaban por mi espacio aéreo hasta convertirlos en aviones de papel. Pero tendría 14 o 15 años y la poesía me pareció una soledad plena de pop ups. Con la práctica, enlazar las palabras se volvió un proceso sináptico muy entretenido, porque las palabras van mutando constantemente en su significado y ensamblarlas puede ser un gran lío, como regresar al corral un conjunto de aves con tendencia a migrar. Tenía entonces especial devoción por los mutantes más intensos y oscuros, como Rimbaud, Pizarnik o Hölderlin. Su aparente condición de iluminados los hacía ideales para la discreta penumbra de mi habitación adolescente. Sí, era todo muy romántico. Estaba un poco alucinada con esta actividad extracurricular y dormía poquísimo, el sueño de belleza parecía ser ese.
Me gusta la poesía porque siento que los autores se transforman en libros abiertos y podemos apreciar la trama de sus prolijos tejidos. Ver cómo de los signos emergen paisajes, cómo cada creador traduce el mundo a nuestro idioma. Sin olvidar que la X es un enigma, la firma de un analfabeto, un cromosoma o la forma más rápida de cerrar una ventana.
La creación poética nos regala posibilidades infinitas, la combustión de la imaginación cuando toma el control y enciende estrellas nuevas, libertad y confianza en los desconocidos para hacernos cómplices. También es la oportunidad de decir cosas que contribuyan a mejorar las cosas, que agiten o calmen las aguas del pensamiento de los probables lectores.
Me gusta que en el poema pasen cosas, algo cambie y nos transforme, aunque sea por un segundo. A esa especie de revelación yo le llamo “darse cuenta”. Algunos poemas cuentan el darse cuenta de algo, dejan registro de ese fenómeno observado. Otros empiezan sin saber nada y desde ese caos natural avanzan arrastrando algún tesoro en su camino. En mi experiencia, la revelación puede ocurrir antes, durante e incluso después de escribir el poema, cuando descubres con retraso de qué estabas hablando.
Los poemas crean sus propios mundos. Por eso siempre vamos tras ellos, porque nos enseñan cosas del mundo humano que no habíamos percibido, inventan fuerzas en sus pequeños mecanismos. Esas líneas que llamamos versos forman circuitos abiertos por donde atraviesa energía refundadora.
Lo único material en el universo poético son las palabras, todo lo demás es antimateria: la idea, la sinapsis, la asociación, la metáfora, el silencio, la emoción, la polisemia, el romance, la magia. La palabra es el insumo y al mismo tiempo la cuchara de palo que agita. Me interesan los materiales invisibles porque busco generar efectos interiores.
La poesía es un espacio de resistencia, tanto para revolucionar la estructura de los discursos y la lógica (que puede ser aplastante) como para poner las emociones al centro, sobre la mesa, bajo las luces.
En el mundo que vivimos actualmente, dentro de un sistema que busca insensibilizarnos y dividirnos, poner en valor las emociones, nuestros sentimientos y pensamientos, leernos, reunirnos y escucharnos es una resistencia luminosa.
Tilsa Otta Vildoso nació en Lima, Perú, en 1982. Ha publicado los poemarios: Mi niña veneno en el jardín de las baladas del recuerdo (Álbum del universo bakterial, Perú, 2004; Neutrinos, Argentina, 2021); Indivisible (AUB, 2007); Antimateria. Gran acelerador de poemas (Neutrinos, 2014; Pesopluma, Lima, 2015; Juan Malasuerte, México, 2016); La vida ya superó a la escritura (Juan Malasuerte, 2018 Caleta Olivia, Argentina, 2023; Cuneta, Chile, 2024; Nuevos clásicos, Bolivia, 2022); además del libro de cuentos Un ejemplar extraño (Solar, 2012) y el cómic "VA" (Contexto, Perú, 2017; Espíritu, México, 2025) con Rita Ponce de León. Ha publicado los libros de poesía para niños Ideario. Ejercicios para imaginar y jugar (Penguin Random House) y Poemas escondidos (ICPNA, 2025), la novela Lxs niñxs de oro de la alquimia sexual (Penguin, 2019) y La hormona de la oscuridad, antología de poemas, con Spiral Jetty (Argentina, 2019). En 2021 presentó la biografía Pepe Villalobos. El rey del festejo, junto a su padre, y en el 2022 Cuaderno de los días reunidos, experimento de escritura colectiva al cual invitó a 31 poetas de Iberoamérica. Sus relatos se han publicado traducidos al inglés como The purity of air y sus poemas bajo los títulos And suddenly i was just dancing (Cardboard House) y The hormone of darkness (Graywolf, 2024).
Estudió Dirección de cine y ha realizado alrededor de 20 piezas audiovisuales. Comparte talleres de creación, escribe guiones y sobre arte contemporáneo. Ha obtenido premios del Ministerio de Cultura del Perú, la Bienal de Poesía del ICPNA y Pasaporte para un artista.
Es una de las poetas invitadas mediante convocatoria para participar en el 36° FIPMed.