Escribir poesía como terapia
Por:
Lana Derkač
Traductor:
Željka Lovrenčić
Escribir poesía es una terapia que nos fortalece para perseverar en el acto de cargar todas las pequeñas e individuales, o grandes y globales imágenes de este mundo, y convertirlas en enjambres de metáforas disparatadas y multiplicadas, comparaciones, onomatopeyas, personificaciones y otras figuras literarias. Porque de manera constante y casi habitual, sin consentimiento ni acuerdos firmados, soportamos un cielo caprichoso y un pronóstico mental desfavorable, una marea de exigencias enloquecedoras que se nos imponen una y otra vez y que inundan cualquier intento de relajación. Soportamos también el estrés aún no reciclado que se acumula frente al televisor tomado por la sinrazón y la estupidez, las alianzas en las que no estamos y en las que sí estamos, los extorsionadores de la inutilidad o el suspiro amoroso de la monotonía como pareja ocasional.
Todo poeta que practica la escritura como posible terapia es plenamente consciente de que nunca firmó un consentimiento para cargar con las más diversas adversidades, y mucho menos para cultivarlas; pero vislumbra un tipo de acuerdo firmado entre la adversidad y la poesía. Ve una posibilidad de compensación. Y sabe que, para su texto poético, ese rodar de Sísifo de la adversidad como piedra no está del todo perdido, no es inútil. Así, la poesía, puede darle un nuevo sentido al Sísifo‑poeta. Él está castigado para poder ser recompensado, porque los dioses tienen grandes planes para él y su castigo no es la última medida, ni la última intención de los dioses.
Aquí aparece también una contradicción. Un ser fanático y poco pragmático, de repente, extrae de las adversidades que lo han golpeado un beneficio extremo, y resulta que el poeta posee una capacidad increíble para la practicidad y la administración. Claro está, una administración opuesta a la economía, porque solo contabiliza gastos y ganancias espirituales. El poeta sabe, a partir de su pérdida personal y del fallido transporte de la piedra de Sísifo, sin una gran empresa emprendedora, obtener un beneficio sorprendente. Pero la literatura ama las paradojas.
Es un hecho que la escritura es un intento de adaptación, porque al escribir y explicar indirectamente el mundo, tratamos de comprenderlo y de encontrar nuestro lugar en él. Pero, enfrentados a nuestros propios traumas y a la desaprobación, somos también testigos de una enfermedad extratextual dentro de nosotros. Una enfermedad a la que incluso hemos contribuido. Y ella, no inmediatamente reconocible, sonreía y posaba para la foto como una novia. Y la aparición de esa enfermedad, provocada por la experiencia persistente e inevitable, aunque involuntaria, de la realidad, no depende del texto, pero el texto sí está en una posición dependiente y condicionado por ella.
Justo ahí nace la farmacia del texto y la escritura como terapia. Con el texto, el poeta vuelve a sentirse no‑perdedor y bien, y con una plenitud emocional y una breve saciedad del alma fortalece su inmunidad.
Y aquí llega otra sorpresa. La enfermedad cuyo nacimiento no depende del texto, sin embargo, está condicionada por él. El texto, al reconocer sus células indeseables y su afán conquistador, se convierte en su propio conquistador. Y al apropiarse hábilmente de su poder, cura psicológicamente al autor - a su creador.
Escribir poesía o cualquier otro texto literario es lo opuesto al suicidio.
Justo en el momento en que las letras convencionales y acordadas se dispersan de manera totalmente no convencional por la llanura del papel, como la incredibilidad del vacío en un espacio saturado de emocionalidad, precisamente en ese instante la pluma y el papel, de forma inexplicable y casi alquímica, empiezan a inscribirse en los componentes de esas tabletas inmateriales sobre las páginas invisibles de la medicina. De repente adquieren propiedades curativas.
En pacto con la pluma y el papel, o con el teclado del computador, el autor habla de detalles diminutos, se ocupa de objetos insignificantes e imprácticos que para él son inmensamente importantes, y que con frecuencia están marcados justamente por seres. Esos detalles son ocupantes inquebrantables de su espacio afectivo. Increíblemente convincentes, sin ninguna intención de exhibir seguridad o superioridad. Por eso les cree.
La colocación de esos detalles en asociaciones poco comunes, que si fueran expresadas en lugares oficiales serían interpretadas como delirios, poco a poco se convierte en poesía inspirada que flota junto a instituciones convencionales como el banco, el aeropuerto, la escuela o el juzgado. Incluso junto al mismo hospital. Y en el cambio de turno, a los médicos de bata blanca los reemplazan otros médicos cuya constitución es difícil de determinar, también su ADN, porque en cualquier momento los autores pueden darles una nueva forma escribiendo -no en aquella bíblica, sino en el eternamente inconcluso Libro del Génesis - nuevas letras.
Nació en Požega, Croacia, en 1969, se graduó en la Facultad de Filosofía y Letras en Zagreb. En Croacia ha publicado 12 antologías poéticas, 3 colecciones de cuentos, una novela, un libro de textos de drama y uno de ensayos. También, ha publicado los libros de poesía en México, Bélgica, Túnez, Montenegro, Kosovo y Macedonia del Norte. Sus obras han sido incluidas en antologías, panoramas y anuarios en Croacia y en el extranjero. Ha participado en diferentes festivales poéticos – Las Noches Poéticas de Struga (Macedonia), Kuala Lumpur World Poetry Reading (Malesia), Kritya (India), La Feria del Libro de Guadalajara (México), Festival International et Marche de Poesie Wallonie – Bruselas (Bélgica), Festival Internacional de Poesía in Granada (Nicaragua), Stockholm International Poetry Festival (Suecia). Sus textos han sido traducidos a 24 lenguas. Obtuvo varios premios literarios: El premio literario croata "Zdravko Pucak“, el premio para el mejor libro de poemas de un autor de Eslavonia "Duhovno hrašće“, el premio "Risto Ratković“ por la mejor colección de poemas en la región (Montenegro, Bosnia y Hersegovina, Serbia y Croacia), el premio croata "Vinum et poeta“ y El premio para el mejor libro de poesía croata "Tin Ujević“.