Moscas, cebollas y AI
Por: Diana Carolina Daza Astudillo
Mis palabras,
al hablar de la casa,
se agrietan.
Octavio Paz.
Como sombra o maldición, el reto de la hoja en blanco nos persigue. La sensación de estar frente a la pantalla del ordenador con el cursor titilando en el espacio vacío, es muy parecida a la de permanecer en un teatro donde eres la única en el escenario, mientras un reflector descarga su pesada luz sobre tu cabeza. No ves a nadie, pero todos saben que estás ahí. Una situación que pone a prueba tu capacidad de reaccionar frente al miedo, el silencio o la vida; un estado tan humano, como lo es el acto de escribir.
Así, comienzo a hablar sobre creación poética; nombrando la humanidad. Podemos remontarnos a la historia, mencionar que la creación poética fue posterior a la tradición oral, integrada a la expresión de lo sagrado, plasmada en himnos y que debido a la participación de los griegos en su origen, fue como la musicalidad del poema descubrió su propia fuerza. Recordar que en la edad media y el renacimiento fue el puente de las formas románticas, y que con la llegada de la modernidad a partir del siglo XIX se comenzaron a aceptar nuevas maneras de abordarla, convirtiéndose en una forma de búsqueda personal profunda sin perder su importante participación, como agente en la construcción de la memoria de los pueblos en tiempos y latitudes distintas.
La poesía es tan antigua y mística como la humanidad; donde un ser humano ha experimentado la herida, el amor o un incendio, un poema ha nacido para iluminar algún rincón del mundo.
Pensar en creación poética también me remonta a mi propia historia. Aparece en la página la palabra poema y detrás de ella, la imagen de una jovencita de diecinueve años atravesando la puerta de un viejo edificio en la calle veintidos con carrera novena, en pleno centro de la ciudad para tomar su primer taller de poesía sin saber que desde ese día, no solo cambiaría su percepción acerca del oficio de escribir, sino también sobre la vida misma; porque quien decide entrar a la casa de la creación poética aprende a ver, sentir y transcribir la vida y las cosas de manera propia; algo tan íntimo como el ADN.
Nada vuelve a ser igual o como lo menciona la poeta colombiana Fadir Delgado en uno de sus ensayos, ––“Desde la escritura el poeta desobedece todo el tiempo la realidad concreta que se le impone. Pero la poesía también lo transgrede y lo divide, entre el ser que escribe y el espíritu que habita la obra. Es un mundo que se enfrenta a uno distinto que viene cargado de palabras y símbolos. Es así, como se convierte en un ser dual”––. Una vez entramos en el terreno de la poesía nos condenamos a habitar sus silencios, misterios, grietas y escondites.
Quien dedica su vida a crear poemas, no solo se entrega a la contemplación, sino al ejercicio de
d e s c u b r i r.
Descubrir palabras ocultas en otras palabras, como quien se enfrenta a las traslúcidas y desafiantes capas de una cebolla. A medida que se va despellejando la hortaliza, se van revelando nuevas formas de decir, similares a quien se aventura en el seductor juego de una muñeca kokeshi, que esconde un concepto en otro y todo esto, para atender a una búsqueda casi enfermiza de nuestro ser, por querer nombrar de forma personal y única las cosas del mundo. Bien lo dijo Octavio Paz; ––“ Cuando un poeta encuentra su palabra, la reconoce: ya estaba en él. Y él ya estaba en ella. La palabra del poeta se confunde con su ser mismo. Él es su palabra. En el momento de la creación aflora a la consciencia la parte más secreta de nosotros mismos”––. Esta búsqueda puede durar días, meses o toda la vida.
Y al tiempo de descubrir, el creador tiene la posibilidad de
a s o m b r a r s e.
Asombrarse con las cosas en movimiento o quietud, en luz u oscuridad. Sólo ésta capacidad de asombro le permitirá conectar con su entorno y con su mundo interior, para lograr plasmar en versos y poemas los instantes. ––“un poema puede acumular ensoñaciones, sueños y recuerdos”; “un poeta puede encontrar siempre un drama de la vida y de la no vida––”; ––nos dijo Bachelard.
El corazón de la creación poética está, entre muchas otras cosas, en la capacidad de asombro de quien la trabaja. Asombrarse para convertir algo cotidiano en algo extraordinario es quizás la misión del poeta; vivir con la honestidad de la infancia, que está siempre despierta al camino.
***
Descubir. Asombro. Sentir. Contemplar. Vivir.
Las letras comenzaron a aparecer como moscas sobre lo que antes era una página en blanco, dando forma a este texto y lo menciono, porque soy consciente del acto de escritura que estoy teniendo en este instante. Porque ahora que nos preguntamos por la creación poética, viene a mí con algo de escozor (quizás como a tantos de ustedes), la pregunta acerca de… ¿Qué pasará con el acto de creación en tiempos de AI?; ¿Las generaciones venideras, dilapidarán la oportunidad de adentrarse en el alma humana con todas sus espinas y rincones, para lograr arancarle poemas que den testimonio de la experiencia de estar vivos?
––“Entre en sí mismo. Investigue el fundamento de lo que usted llama escribir; compruebe si está enraizado en lo más profundo de su corazón; confiésese a sí mismo, si se moriría irremisiblemente en el caso de que se le impidiera escribir. Sobretodo pregúntese en la hora más callada de la noche, ¿Debo escribir?. Excave en sí mismo en busca de una respuesta que venga de lo profundo. Y si de allí́ recibiera una respuesta afirmativa, si le fuera permitido responder a esta seria pregunta con un fuerte y sencillo «debo», construya su vida en función de tal necesidad; su vida, incluso en las horas más indiferentes e insignificantes, ha de ser un signo y un testimonio de ese impulso. Después, aproxímese a la naturaleza e intente decir como el primer hombre qué ve y experimenta, qué ama y pierde”.
¿Acaso esta sentencia de Rilke, que a muchos nos ha abrigado y guiado en este camino de escribir poesía, estará cercana a su fin con la llegada de la inteligencia artificial?, ¿Dejaremos de preguntarnos desde lo más profundo de nuestro corazón, miedos y frustraciones, para tan solo teclear y dejar las búsquedas más íntimas con sus respectivas respuestas, a nuestra nueva amiga AI, Siri, ChatGPT o tantas otras que seguramente vendrán?.
Claro, pasamos de pluma y tinta al bolígrafo hace años, y de la caligrafía a los computadores. Sí, la tecnología nos facilita el trabajo; pero nunca llega a reemplazar nuestro sentir, que es donde surge la inquietud. ¿Cuál es el porvenir de la creación poética si es que podemos hablar de un futuro para ella?. ¿Hemos sido conscientes con horror o realidad, de cuántos de los libros que se están escribiendo en este tiempo, pueden ser los últimos creados por una inteligencia totalmente humana?, ¿Dónde quedará ese bello ejercicio de descubrir, contemplar, asombrarse?
Ahora mismo saludo y le pregunto a ChatGPT… ––¿Me ayudarías a escribir un poema?. ––Y de forma muy amable, cálida y cercana me contesta…
––Claro Diana, con gusto. Primero te hago tres preguntas rápidas para orientarte mejor.
- ¿Sobre qué tema quieres escribir el poema? (amor, duelo, memoria, cuerpo.)
- ¿Qué forma quieres? Verso libre, soneto, poema breve o poema narrativo?
- ¿Para qué lo necesitas? Un libro, una lectura pública, un taller, una clase o una convocatoria?
De pronto, algo se agrieta en la casa de la creación poética; algo se agrieta dentro de mí.