35º FIPMed: Larga vida al Festival
Por: Geraldine Marín
“Calla, muerto hundido más que los muertos,
silbato compulsivo a través del sueño de los hombres”
Calla nieve que borra la tierra,
Calla. ¡Oh silencio!
Humberto Díaz Casanueva
La capital de la Poesía del mundo es Medellín, se escucha en todo momento en la estancia del 35° Festival Internacional de Poesía de Medellín. Creado por almas resilientes y dotadas de poesía, en un momento histórico de la ciudad, donde la sangre era los olivares del día a día, y las madres e hijos asesinados por el narcotráfico eran las portadas silenciadas de todas las emisoras y periódicos de la época.
El silencio nocturno y diurno se tomaban las calles. Pero la poesía comenzó a marcar una historia de reconciliación de la humanidad de la ciudad y todos los pueblos del mundo.
El festival es el arca floral de todos los tiempos, aquí donde surgen los cantos de los humanos que gritan libertad y oscilan la bandera de la edad dorada en la plenitud de la humanidad.
En un lenguaje transformador que une todas las articulaciones sanadoras del planeta. Sin transformación cultural no existe el progreso. El festival trae cada año nuevas vidas encarnadas, poetas, amores, emociones indescriptibles, público y milagrosamente hasta mascotas. La lista sería interminable. Pero aquí en este ritual embellecido por el fuego de los Dioses. Firme ante toda catástrofe.
El festival desafía los poderes con inteligencia e imaginación. Pues sólo los hombres que aman la verdad y la vida pueden poseer su fuerza. La palabra paz sólo puede crecer cuando nuestros corazones estén transparentes como el viento en los cielos. Y es difícil pensar en ello, pensar que somos seres oscuros y blancos al mismo tiempo. Y Sin oscuridad no existe el día o, al contrario. Estamos unidos por el micelio original del cosmos. La edición de este año, me ha dejado y nos dejará hasta el fin de nuestros huesos una vida emergente del hierro con la certeza de continuar con la palabra como fuente de sanación. Y quizás los escritos y libros se extingan, pero la poesía Diosa de la curación no podrá ser vendada por los poderes del miedo. Este bello evento marca una lucha histórica de sus organizadores con todos los pueblos del mundo ante el fascismo incapaz de amar. Pues la belleza vive en todo lo que habitamos.
Nunca olvidemos que, en Gaza, Sudán, Yemen, Siria, Afganistán, son pueblos que conviven en su cotidianidad con una guerra fatigada y amordazada por perros del odio. Y el festival toma su escudo y se pone del lado de la vida. No son actos políticos, ni actos de fe. Es una posición valiente y resistente para decir no a la barbarie. A una barbarie ciega y bruta. Pues aquellos hombres que odian el mundo serán castigados por la justicia. Y hablar de la vida es el lenguaje poético que nos corresponde a todos. Nosotros los humanos nacidos en esta misma casa somos hermanos. Y lo hermoso de las hermandades es que, aunque existen las diferencias podemos entrelazarnos con POESÍA.
Serán incontables sus ediciones. Pues de la vida se creó y siempre será la vida que nos lleve por el camino resiliente de la verdad y el triunfo.
Larga vida al festival y a sus organizadores.