Amor, lava que fundes las cadenas de raíz
Por: Luis Eduardo Rendón
La poesía es contagiosa, como el deseo del amor, la justicia, la verdad y la paz.
Y por los tantos que han muerto por acrecentar en la humanidad aquellas cualidades esenciales para una vida digna, en honor a aquellas vidas sacrificadas, la poesía sigue en su lucha por la luz que no cesa. Así se vivió en las diversas atmósferas del Trigésimo Quinto Festival Internacional de Poesía de Medellín (Julio 5, al 12, 2025). Los poetas invitados de los cinco continentes y el público fueron una sola alma en su apoyo al pueblo palestino, que continúa siendo masacrado por el sionismo.
Como lenguaje de la resistencia de la vida, la poesía es su consciencia y memoria, además de guardiana de su belleza. Y en ella se congregan los cantos, pensamientos, celebraciones y luchas de todos los que resisten. El olivo está cada segundo más vivo en el reloj sagrado de los ángeles.
Si la infancia es la patria del hombre, como decía Rilke, entonces más que nunca está amenazada nuestra raíz. Los niños que sobreviven en Gaza son los santos verdaderos de este tiempo, en un mundo gobernado por la corrupción, la mentira y los negocios de la muerte. Cada minuto puede ser el fin de una vida entera. Cada hora puede ser la vida o la muerte enteras. Un día puede ser una vida milagrosa o una muerte más grande todavía. La noche y el día pueden ser una sombra entera.
El tiempo es distinto en cada lugar. En Gaza es infinita. El hambre como arma de guerra es la sombra más vergonzosa de nuestros minutos actuales. Cada banquete de indiferencia, más le restará a la estatuaria que ya no nos representa. Y hará más salvaje el bosque que la devorará.
¿Cómo pueden comer y dormir en paz los verdugos de la vida? En su severidad de plomo ocultan su miedo a que gobierne la verdad y el amor, manantial de todas las fuentes de la luz.
¿Cómo pueden resistir las semillas? Quienes lloraron en 1945 no siguen siendo fuente. Quizá unos pocos. Quienes lloran purifican la humanidad en cualquier tiempo, si siguen siendo niños en el corazón hasta el final. Este amor puro puede contagiarse. Quienes luchan en defensa de la vida seguirán siendo la dignidad y la belleza espiritual, aunque mueran de repente. El salto inolvidable donde el cero ya no significa lo mismo.
Quienes se indignan en 2025 siguen siendo llama. Más terrible que difundir las muertes, es que sigan sucediendo impunemente.
Fue el canto noble y compasivo de la madre noche, bajo la luna llena de la dulzura lo que nos dio la confianza como especie desde los orígenes. Esta celebración de la solidaridad mundial que es el Festival Internacional de Poesía de Medellín, se extendió por ocho días y por más de treinta horas a través de Señal Colombia a 600.000 hogares del país regados a través de la “Colombia profunda”, sintonizando la expresión de los poetas invitados en solidaridad con Palestina con el alma colombiana y su sed de justicia. Tal combinación hizo del encuentro algo simbólico e inolvidable. La poesía es la vida. La forma de ser partícipes del sueño del mundo.
El impacto más significativo fue quizá sobre un sector anónimo de la población que quizá no conocía la poesía manifestada en la manera como sucede en el festival (lo que no significa necesariamente que no la lleven inherente, manifestada de otras maneras en sus vidas).
No podemos medir un sentimiento, las lágrimas no se agotan, como no se agotará el agua, las llamas no se apagan, sólo volverán a su lugar. El diálogo es el aire puro que debemos respirar, para desenvenenar la lengua y el alma, antes que los pulmones mueran de tristeza.
La vida es una batalla. Cada vida es un combate contra la sombra acechante que rabia pretendiendo gobernarnos. Expresar cómo se triunfa sobre la propia sombra es el poema, y cómo triunfa el mundo sobre su sombra, la poesía. Porque en todas las formas, la luz encuentra su lugar, hija traviesa de la noche primordial. El único triunfo es el abrazo, para salvar la vida en la tierra. Todas las vidas. El pueblo mismo es el abrazo de lo más diverso. El gobierno de los inocentes volverá a ser la compasión y con ella, el reverdecer de Gaia. Todos los aprendizajes de todas las culturas conducen a un abrazo silencioso como el de una multitud silenciosa ante un poema verdadero: cuando la poesía sea el triunfo del amor, la justicia, la verdad y la paz.